
Cuenta el mito que en alguna calle de San Petersburgo dos rusos se encontraron de frente con una cámara japonesa que sacaba instantáneas, ambos se dieron cuenta del potencial de tal extraño objeto y decidieron copiarla y mejorar el diseño para asà poder darle placer y gloria al pueblo soviético, ya que todo comunista respetable tenÃa derecho a su LOMO Kompakt Automatik, su nueva cámara de sacar fotos.