
Los Santiaguinos durante los últimos años hemos experimentado cambios radicales en nuestra forma de desplazarnos por la ciudad, todos los días somos testigos; cortes y desvíos de transito, cerros que se perforan para construir túneles, ríos que se cubren de hormigón para permitir el paso de vehículos, etc., numerosas mejoras en pos de la mejora de nuestra calidad de vida como habitantes de esta ciudad, pero en materia de transporte público los cambios han significado también adecuarnos e introducirnos de manera arbitraria a un sistema regido por “operadores” que se financia gracias al aporte inicial de privados el cual se retribuye después por los usuarios con creces, pagando por el uso de la infraestructura y medios creados.

El pasado miércoles 27 de enero, los medios publicaban una noticia que se sumaría a otra de las tantas portadas de crónica roja en el país: La muerte de un operador de un bus alimentador del Transantiago a manos de un furioso usuario ¿la motivación? El “atacante”, considerando que el operador le exigió el pago de la tarifa mediante su tarjeta bip, se sintió ofendido, efectuando un ataque directo al cráneo del malogrado conductor con un destornillador. ¿Consecuencias? Nadie detenido, sistemas de seguridad inexistentes y nuevamente un tema al tapete público que es de nunca acabar.

Desde que comenzaron a llegar los buses nuevos en Octubre de 2005 bajo el mando de Ricardo Lagos, muchos se hicieron ilusiones de un sistema que cambiaría de manera positiva el moverse por una ciudad herida por la contaminación, los altos índices de vandalismo y una que otra dosis de inseguridad (y sumisión). Lamentablemente a un buen rato de ocurrido el cambio, muchas cosas se mantienen igual, ya sea por vicios de las empresas o las mismas personas.

El 19 de agosto pasado se aprobó por ley, un subsidio nacional de transporte que entregará en suma, 549 mil 598 millones de pesos y transferirá la deuda del AFT con el BID y el Banco Estado al Fisco. Una parte de los recursos irá directo a salvaguardar el Transantiago y la mitad restante será destinada a regiones para mejorar el servicio y también para optimizar la conectividad entre las zonas más remotas del territorio nacional. No obstante, por mucho que Concertación y Alianza se jacten de que por fin las regiones han sido consideradas, para ellos, la realidad dista de ser auspiciosa.

La cámara de diputados aprobó el proyecto de financiación del Transantiago (también conocido como pago del préstamo del Banco BID y Estado a las ATF).
Con esto se asegura la operatividad del plan de transporte y también se da un argumento para decir que la mentada “revolución del transporte” de Ricardo Lagos es un éxito.