Debo comenzar diciendo que estoy lejos de ser una gran conocedora de la obra de Ana Vásquez-Bronfman, la escritora chilena fallecida el pasado 17 de noviembre. No tenÃa un gran número de novelas a su haber, aunque sà éstas destacaban por sus crÃticas favorables, además de haber ganado el premio del Consejo Nacional del Libro a la mejor novela inédita en 1999 por “Los mundos de Circeâ€.
Se habÃa radicado en Francia en 1974, adonde partió exiliada, y la temática del desarraigo, del trasplante, estaba presente en sus obras, en particular en su última novela “Las jaulas invisibles†(2002).
Ana Vásquez-Bronfman era, además, sicóloga, y si la buscan en Google se darán cuenta de que tiene tantas entradas por tal motivo como por su incursión literaria. En términos profesionales exploró el ámbito de la resiliencia, esa capacidad del ser humano de sobreponerse a los dolores y traumas más profundos. Me pregunto si fue un interés que surgió del hecho de haberse visto obligada ella misma a dejar su paÃs.
“Las jaulas invisibles†es una saga familiar, o la saga de dos familias, todas obligadas a abandonar sus hogares y convertirse en emigrantes. Unos son judÃos rusos, que se encuentran escapando de los pogroms (disturbios, ataques) que sufrÃa la población judÃa en Rusia. Los otros son campesinos chilenos que deben cambiar su vida por la de la ciudad.
“Nadie emigra por gusto, evidentemente, antes de partir los riesgos se ven más grandes, y si no se sabe claramente lo que se va a ganar con la partida, ciertamente se sabe lo que se pierde†(34-35), escribe la autora en la novela.
Esas dos familias tan distintas terminarán coincidiendo, décadas más tarde, en particular en la forma de dos niñas que terminarán haciéndose amigas y reencontrándose décadas más tarde, Mariana y Veruchi. Su historia actual viene desencadenada desde el pasado, que la autora inicia en la vida de sendas bisabuelas. A través de esos relatos, narrados con fluidez y tacto, con tal intimidad que pareciera que una se está introduciendo en algo demasiado privado, pero que, a la vez, es bastante cercano, no por las experiencias especÃficas, sino por el trasfondo de aquellas.
Es la idea de las jaulas invisibles, esa herencia que recibimos de nuestras familias, que apenas percibimos, pero que pueden convertirse en verdaderas prisiones. “Desde que nacemos nos van encerrando en jaulas†(242), se lee al continuar el relato de la novela.
Si hay algo interesante en “Las jaulas invisibles†es la apuesta por una visión que se enfoca desde la mujer, nada de historias de patriarcas. Todo comienza con la historia de las bisabuelas y en el presente volvemos a encontrarnos con dos mujeres, Mariana y Veruchi. Por supuesto, el relato no es lineal, sino que se estructura de una manera más orgánica, como respondiendo a las necesidades de una narración Ãntima y no a la obligación de realizar una cronologÃa. Eso me hace pensar en esta otra cita: “Es cierto que las ideas se le escapan de la cabeza, árboles, hojas gigantescas, verdes en todos los matices, basura en el borde de la carretera, no logra concentrarse, quisiera echarse a llorar como una niña chica, qué ridÃculo. Mientras preparaba el viaje estaba tan vitalmente entusiasmada, sentÃa que si Veruchi aceptaba el análisis con ella, juntas podrÃan aclarar muchas dudas, darle más coherencia a su interpretación†(2002, 8). Tal vez haya una invitación a que como lectores también participemos de ese análisis, o más bien de ese viaje, de lo que se abandona y de lo que permanece.
Ignoro si será fácil conseguir los libros de Vásquez-Bronfman actualmente, en particular porque este último es de 2002. Buscando en el sitio web de algunas librerÃas no pude dar con sus novelas, pero “Las jaulas invisibles†sà aparece en el sitio de Lom. De todas maneras, me parece que vale la pena realizar el esfuerzo de buscar y leer a nuestros autores, porque aunque ellos hayan partido, sus textos permanecen.
La lista de novelas de Ana Vásquez-Bronfman es la siguiente: “Abel RodrÃguez y sus hermanosâ€, “Sebastos Angelsâ€, “Los búfalos, los jerarcas y la hueseraâ€, “Mi amiga Chantalâ€, “Los mundos de Circe†y “Las jaulas invisiblesâ€. SerÃa interesante saber si habrá dejado algún material inédito que su familia pudiera revisar y publicar, si es que ellos lo estiman conveniente. Si sus libros no pueden encontrarse en librerÃas, siempre es un buen ejercicio recorrer las librerÃas de viejos, buscando esos libros comprados, leÃdos y desechados, pero que tienen una nueva oportunidad en las manos de nuevos lectores. A mà la idea me encanta y he encontrado más de alguno que realmente querÃa tener y que ya no es editado.