Radiohead
Cada vez que escuchó Fake Plastic Trees (The Bends, 1995) inevitablemente se me tienden a nublar los ojos, se me hacen agua. Naufrago y no importa el lugar o el momento, me hundo.
Me sobrecojo mientras el estremecedor falsete de Thom Yorke me recuerda una y otra vez, a pesar de los años, que la tristeza es lejos la más intensa, la más profunda y exquisita de las emociones. La que pocas veces queremos compartir quizás por miedo, quizás de puro egoístas que somos. La que alguna vez nos ha hecho detenernos en la mitad de alguna carretera para contemplar como el cielo continúa siendo el mismo, mientras nosotros ya no. La que tantas veces se apareció, y probablemente se seguirá apareciendo en tardes de invierno y de lluvia fina; un murmullo de agua cayendo tras la ventana tal como un murmullo inexplicable que se nos atora en la garganta. Ahí, a punto de salir, pero no.
Pero sí. Radiohead finalmente viene a Chile y desata la chifladura latente de varias generaciones, hombres y mujeres, adolescentes, jóvenes, maduritos y maduritas que no están dispuestos a perderse a la mejor banda del planeta. Aunque haya que vender el Ipod. Aunque la cola comience en la puerta de Ripley y termine a varias cuadras. Aunque la crisis. Aunque para fines de marzo uno podría estar muerto, quién sabe. No importa, queremos, necesitamos, nos merecemos estar ahí después de décadas de seguirle la pista a Yorke y compañía.
Décadas ya desde que Creep fue sacada de la BBC Radio 1 por depresiva. (Ja. Ilusos los señores directores de programación. No entiende nada). Décadas durante la cuales, con inusual sensibilidad, los Radiohead han sido capaces de interpretar el insondable abismo emocional de nuestros tiempos. La angustia, la soledad; el hombre que intenta encontrarse a si mismo mientras la tecnología y sus tentáculos político-económicos se lo van comiendo vivo.
… Y quizás es por eso las guitarras omnipresentes de los primeros discos comenzaron a dar paso, poco a poco, a timbres y sonidos sintetizados. Aparecieron audios procesados hasta el infinito. Baterías que sonaban como un loop. Samplers y ruidos de diversas procedencias que al unirse construían y estructuraban canciones más complejas. Métricas irregulares. Capas y capas de electrónica y pulsos humanos que se articulaban de manera excepcional y ya no era posible distinguir qué era qué. ¡Ok Computer! ¡Ok!
Luego el Kid A y el Amnesiac, dos discos difíciles pero hermosos, sensibles. Con la voz de Yorke latiendo siempre como hilo conductor, intervenida por momentos, escuchándose muy cerca o muy lejos, pero ahí, presente. Cada vez que escucho esos discos vuelvo a tener la sensación de que la forma en que arman su sonido es una gran metáfora; la del hombre perdido en sus circunstancias, atrapado entre tanta política, dinero, industrias, shows y películas sin sentido.
En el 2003 aparece Hail to the Thief y varios nos preguntamos quién será el pillo al que saludan. ¿EEUU? ¿Nosotros, los piratas interconectados? ¿Los sellos discográficos? Todo eso creo yo. Radiohead parece volver de una larga exploración y lo hace construyendo un discurso feroz, acaso las letras más punzantes de su carrera. Las canciones, por momentos, vuelven a sonar como hasta antes del OK y me da la impresión que es como si en algún momento hubieran decidido poner la pata en el freno, detenerse, recapitular. Muchos agradecen el gesto pues al parecer no era fácil reconocerse e identificarse entre tanta experimentación.
No sé, pienso que a veces los fans somos por definición egoístas, bobos, nos cuesta ver más allá y tomar el riesgo; queremos la mayoría de las veces más de lo mismo como si en la reiteración estuviera el chiste. Gracias a Dios nosotros no hacemos los discos.
Y gracias a Dios también existen artistas lúcidos que probablemente no toman mucho en cuenta los gustos o disgusto de la fanaticada pues están más preocupados de lo realmente importante: su oficio, su artesanía. Y eso se transmite creo yo.
Aún así, In Rainbows del 2007 permite que Radiohead se reencuentre hasta con sus seguidores más fundamentalistas. Nos regalan (literalmente) un disco luminoso, lleno de detalles y muy sutil al momento de proponer varias lecturas sonoras. Yo la verdad aún lo estoy descubriendo. Quizás muchos de nosotros aún estábamos en eso cuando supimos la gran noticia: al fin. Yorke, O´Brian, Selway Greenwood y Greenwood estarán en nuestro Chilito el próximo 27 de marzo. Y yo voy a estar ahí. Y probablemente tú. Y mis amigos. Y mi primo chico. Y mi vecino. Y en fin. Para qué seguir.


Noviembre 21st, 2008 at 8:05 pm
Es raro lo que despierta esta banda…todos tenemos recuerdos o cosas asociadas a Radiohead. En lo personal me gusta mucho Fake Plastic Tree y My Iron Lung..temones…no sólo por la composición, si no también por lo que despiertan.
Noviembre 22nd, 2008 at 9:29 pm
La primera vez que escuché Creep, se me erizaron los pelos. Cuando escuché Fake Plastic Trees me terminé de convencer de la excelsa calidad de esta banda. Aún cuando no le seguí la pista a todos los discos, su presencia en mi memoria sónica es inalterable.
Concuerdo plenamente con la interpretación que le das al núcleo sónico y conceptual de esta banda. De hecho siempre he hallado cierta similitud con Pink Floyd, especialmente en esa inacabable búsqueda de sonidos, como metáfora de la búsqueda de sentido.
Saludos.
Noviembre 23rd, 2008 at 10:25 pm
Si!!! Yo también estaré ahí y hasta entonces me preparparé escuchando uno a uno sus discos; repasando y retocando todas las fibras que me mueve Tom Yorke.
Noviembre 24th, 2008 at 10:16 am
Radiohead me gusta por que buscan sonidos nuevos, experimentan, algo que se ha dejado bastante de lado en la musica actual.
Saludos