La enfermedad, como convención social, marca nuestra biografÃa. No son todas iguales, las percibimos menos o más graves, vergonzosas e —incluso— pueden ser hechos reprochables por las condiciones de adquisición del rol de enfermo.
El VIH, virus de la inmunodeficiencia adquirida, es una de estos estigmas que, especialmente en un paÃs de usos tradicionales y rubor fácil, viene con una carga social y emocional fuerte. El virus no causa la muerte, pero sà le abre las puertas. Afortunadamente, existe en Chile conciencia de ello y se han hecho los esfuerzos para la cobertura terapéutica de todos los afectados.
Pero se destapó el fallo en el primer eslabón de la cadena: el diagnóstico y la información de este al paciente. De aquà en más todo es irresponsabilidad: la no información (o la obstrucción a la información, en el peor de los casos) no cumple un rol terapéutico toda vez que no se inició la terapia antirretroviral, que —cuatro puntos malos— como fue dicho, estaba disponible.
El festival de excusas de parte del Gobierno, en la voz del Ministerio de Salud, sin embargo, es todo menos nuevo.
Lamentablemente, casos de la magnitud del descubierto la semana pasada son ya parte de la minuta de omisiones o malas prácticas del aparato estatal. Pero estamos hablando de un tema sensible: la salud, y luego la vida, son bienes demasiado preciados e inalienables. ¿Dónde están los responsables? ¿Dónde está la misma Concertación que usa aún a Pinochet como impermeable apuntando ya crÃmenes de lesa humanidad? ¿Acaso al Gobierno le importan las familias que perdieron a seres queridos por dejaciones más que los cálculos polÃticos que intentan minimizar el impacto sobre un barco que zozobra de la destitución de otra Ministra?
Aquà no estamos hablando de carencia de recursos que hayan evitado el contacto y posterior tratamiento de los afectados. El número de personas involucradas y el tiempo por el que se prolongaron las falencias sugiere más una sistematicidad en las deficiencias por la adopción de la ley del mÃnimo esfuerzo. El problema no está en las direcciones ni en los teléfonos: está en la voluntad de hacer bien las cosas.
La lección de los hijos cambiados de Talca, al parecer, no fue completamente asimilada. En lo que a Salud se refiere, los errores cuestan vÃctimas, y peor aun en estos casos, CONTAGIOS (palabra que el Gobierno ha omitido en todo momento).
Ya es hora de que los directores de servicio y la pléyade de mandos medios reestablezcan, mediante hechos, la confianza construida por años que minan un par de episodios catastróficos. Para que nunca más podamos decir What!?
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..y que pasa con las implicancias legales????
“Señor..nos equivocamos, no le dijimos que su pareja tiene Sida y ahora usted esta contagiado…¿Cómo esa persona ya dejo de ser su pareja? ¡¿Que ha tenido desde ahà 7 parejas!? No se preocupe tomen número para atenderse y todos recibirán el tratamiento”
Esa será la respuesta del Gobierno.
Tal como te comenté por teléfono, ya en Chile hay un precedente de demanda ganada por cuasi delito de homicidio de una mina que la contagio de Sida el pololo que sabÃa que era portador del VIH…por eso el Gobierno omite las palabras contagiados, e irresponsablemente los medios también.