Alejandro González®

Avísenme cuando empiece la función

Avísenme cuando empiece la función

Me paré de mi asiento y no lograba definir un tema, estaba distraído, inquieto. Prendí un cigarrillo para que acompañara mis incontables paseos por el limitado espacio de mi habitación y no, no lograba concentrarme. Radiohead se escuchaba de fondo, pero no era más que sonidos que rellenaban la soledad de mi verdoso reducto intelectual.
Me dieron ganas de orinar, fui al baño, me miré al espejo y quise tomar café. Puse el hervidor eléctrico y lavé una taza y una cuchara ya usadas para preparar el brebaje de las ideas. Seguía fumando y me preocupaba al ver que mi cigarro de vaquero se iba consumiendo al mismo tiempo que no lograba encontrar algún pretexto para escribir.

Me acordé de una conversación de curadera que tuve anoche con mis contertulios compañeros periodistas, esa típica que sale cuando el ron, el pisco y la cerveza están mezclados con la sangre. Hablamos de política, de nuestros proyectos y del cómo nos vendimos al sistema con el sólo hecho de estar pagando tantas lucas a una universidad, la cual, en finos términos, nos cría para vivir a costa de una sociedad competitiva, ingrata y muchas veces, cruel.
El hervidor hizo clic y sólo me di cuenta cuando la luz de mi lámpara parpadeó. Aquello no fue por el efecto eléctrico de la pava, sino que fue un leve corto circuito provocado por la ampolleta que se encendió sobre mi cráneo. Me preparé el dichoso café, corrí a mi asiento y dejé caer mis dedos sobre el suave teclado de mi computador. Ya tuve una idea y es la que estoy escribiendo ahora.

Muchas veces he hablado sobre lo mal que está la política, sobre lo mal que está la economía, sobre lo mal que está nuestra sociedad. Sobre la rareza nacional, sobre el absurdo y muchas veces sobre ese jocoso status quo en el cual intentamos vivir. No sé si ésta será una excepción, pero no tengo ganas de irme muy en la profunda. No, demasiado temprano como para hacerlo.
Ídem, me seguía acordando de esa memorable noche de alcohol en el balcón del departamento de un compañero ubicado en la bella Providencia, y de mi memoria logro rescatar algunos pasajes de la interesante discusión.

¿No te da pena el cómo uno deja de lado todos sus convencimientos sólo para darle espacio al dinero que te ofrecen a cambio de eso?”, preguntaba con tono desafiante a mi honorable contendor ideológico.

Sí, pero es que Alejo, el dinero importa más. Si te ofrecieran millones y millones de pesos por dejar de escribir en tu sitio para irte a El Mercurio, ¿dirías que no?”, respondió mi querido compañero convencido de su aceptable razonamiento.

Puta, yo en estos momentos, yo… Alejandro González Huerta, teniendo 18 años diría que no. Para mí, vale infinitamente más mi pensamiento que la posibilidad de escribir en un medio tradicional y amarillista como El Mercurio.”, dije amigablemente para que no se notara mi efervescencia respecto al tema.

Sabi’ lo que pasa, es que ahora, teniendo nuestra edad, somos demasiado inocentes.”, rebatió ágilmente. Mauro tenía razón. Somos demasiado inocentes.

Dentro de aquella conversación que se extendió hasta el amanecer, trataba de explicar mi disyuntiva inicial con un claro ejemplo de nuestra venta al sistema. Hace 40 o 50 años atrás, había un grupo de jóvenes pertenecientes a una elite intelectual que estaba consciente de los problemas del país. Antecedentes históricos y relatos de boca a boca cuentan que en aquellos años los mismos Diputados, Senadores, Ministros e incluso Presidentes que vemos hoy en día gobernándonos, son esos jóvenes que lucharon por un ideal que era establecer los parámetros para hacer de Chile una sociedad educada, consciente y contestataria.

Ellos se vendieron. Ellos se entregaron. Ellos abrieron las piernas y pusieron el culo a cambio de las lucas que ofrecía el entrar a una carrera política que les aseguraría su breve paso por esta vida a costa de succionar sagazmente la teta del Estado.

¿Dónde quedó la fuerza juvenil?, ¿dónde está ese idealismo que motivaron esa movilización que puso por primera vez en Chile el tema de la educación sobre la mesa en esa época?

Hoy, es preocupante, triste y muy pesimista el paradigma que se nos viene encima. Si pensamos que esta generación es la de la transición, la del recambio político y social, la lógica que nos impone aquel hecho puntual es que finalmente, todas esas ideas, toda esa creatividad y todo ese anarquismo constructivo que hicieron pensar y mover a las masas en la renombrada movilización estudiantil del 2006 quedará en nada al momento en que nos titulemos y no nos quede otra que buscar un trabajo para mantener a una familia, para pagar las cuentas, para comprarnos el pan, la leche y la mantequilla el día de mañana.

Ese es el dilema… no queda otra.

¿Por qué protestamos?, ¿por qué nos quejamos?, ¿por qué reclamamos? Si después igual terminaremos adentro del sistema y miraremos nuestro pasado como meros recuerdos en los cuales nada más se intentó cambiar el mundo.

Camilo Marks me dijo, ustedes no van a cambiar el mundo. No, no lo van a hacer.
Jaime Ceresa me dijo, ustedes no van a cambiar el mundo pero al menos hacen el llamado para que así sea.

Siendo tan inocentes, prefiero creerle a Ceresa. Me quedo con la satisfacción de que al menos, algo hice.

Pero si ya cumplimos nuestra parte, ¿qué hacemos ahora?, ¿dejarnos llevar por la mano invisible del mercado?, ¿entrar forzadamente al mundo laboral?, ¿convertirnos en máquinas alienadas?, ¿involucionar a una vida lineal, monótona y efímera?

Claro que sí, obvio, si no queda otra.”, diría alguien con los pies bien puestos en la tierra.

Déjame disfrutar este recreo sin cuestionamientos antes de empezar a sobrevivir al resto de mis días”, le respondí a mi compañero antes de que cerrara sus ojos embriagados de sueño.

Ya eran las 8 de la mañana, y el carrete había terminado.

6 Responses to “Avísenme cuando empiece la función”

  1. 1
    Vero Palma Says:

    Me gustó su encendida de ampolleta.
    El punto creo, es definir: “venderse”. Estamos en un sistema donde debemos mantenernos y a nuestra descendencia e incluso a veces a la ascendencia (en mi caso) pero el mundo puede cambiar, todos podemos aportar con pequeños actos para que así sea, actuar con empatía es un avance. Sobre los políticos nada que agregar a lo dicho, pienso lo mismo, qué más vendido que ellos y lo peor es que todos los pelotudos que nos dirigen estudiaron gratis en la Universidad y el exilio les sirvió para hacer posgrados. ¡puaj!

  2. 2
    Jaime Ceresa® Says:

    El tema pasa x como uno se integra de lleno al sistema…si sometido como cual ovejita entendiendo que uno será una cabeza más que no aportará mayor trascendencia salvo a unos pocos, o con la tranquilidad de saber que algo se hizo por intentar generar un cambio.

    Cuídate.-

  3. 3
    monchito Says:

    Una vez una amiga locologa me hizo un test, en el cual reflejaba la importancia de la plata en mi vida…
    los resultados estaban a la vista, no me importa mucho la plata, lo tomo como para cumplir mis necesidades, el test manifesto que me gusta el poder de decición…

    ahí caché que es posible no venderse al sistema o mejor dicho no venderse entero, por plata ni cagando aplasto mis principios de trepar en una pega, ni menos cornetear al Jefe…

    El sistema nos tiene cada vez mas vendibles, a las finales somos un numero que se puede comprar en este mundo globalizado…

    un abrazo

    Monchito

  4. 4
    Claudio González Says:

    Y tan temprano terminaste de carretear? hehe

    Reclamar es parte de nuestra realidad, de nuestro inconformismo diario, el cual con suerte nos permite ver que cosas probablemente minimas son posibles con un poco de entusiasmo, pero está claro que no todo es llegar y hacer, más aun cuando todo requiere del convencimiento de millones de personas, claro, uno para todos y todos para uno, pero todo tiene sus consecuencias, sus beneficios, sus resultados…

    Probablemente podrías decir que NO a una propuesta de columnas en El Mercurio, La Tercera o La Nación, pero sólo es un planteamiento virtual, pero de seguro que si estuvieses en esa situación real, dudaría de tu respuesta, más aún si la propuesta fuese más contundente de lo que crees, al menos en el ofrecimiento monetario o beneficiario, pero no tan así en cuanto a la linea editorial que desees… Es como si yo quisiera echar a volar mi creatividad, la locura de lo cotidiano en las piezas gráficas que realizo donde trabajo, pero todo tiene finalmente una estructura, la misma puta estructura q seguimos nosotros al levantarnos, bañarnos, desayunar, etc…

    Los circulos viciosos están más cerca de lo que creemos.

  5. 5
    Lujuria Says:

    Yo personalmente creo en los cambios, existe la esperanza de que se logrará algo, pero bien en el fondo sabemos que en realidad no será “nada”… pero… insisto en los “peros”, la satisfacción de haberlo intentado es incomparable. Ahora ese “Nada” que se logrará, al menos se ha teñido de empeño y eso es algo que a la larga es mucho más que realmente nada.

    mucho jugo???

    Saludos!!!

  6. 6
    wenselao Says:

    Super interesante el punto en cuestión. Demasiado y que bueno que haya gente y masa critica que se lo planteen. Porque llega un momento en que uno deberá optar por ser cola de león o cabeza de raton. Prefiero mil veces ser cabeza de ratón y no cola de león.

    Me gusta que cuando uno tiene una idea, la pueda llevar a la practica, cuando uno hace algo influye en los demas o en la empresa, que mis actos y mi vida sean tracendentes y no solo ser un zoomby que dice a todo si.

    Aunque la tentación es grande y muchos caemos presa de ellos, es importante saber que nosotros elegimos estar ahi y no estar ahí porque no pudimos elegir.

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