Dos Listas de la Concertación: El ascenso de los nuevos príncipes
Alrededor de 120 concejales menos podría obtener la coalición de gobierno tras presentarse en listas separadas en la próxima elección municipal del mes de octubre.
Tal cual. Para ser más exactos 128, según las simulaciones de los expertos electorales. Por ello, si hay una pregunta sin respuesta por estos días, es por qué el PPD y PRSD optaron por separarse de la Concertación para elección municipal del próximo mes de octubre.
¿Cuáles fueron los motivos de esta división? ¿La aparición de nuevos líderes?, ¿el uso de sofisticados procesamientos de datos electorales que auguren una anticipada victoria? No lo sabemos.
De forma pública, Pepe Auth –presidente del PPD durante el período 2008-2010– trató de explicar este inusual cuadro como una estrategia para ampliar el “universo electoral” de la coalición y, más aún, agregar “un número mayor de independientes a la Concertación”.
Vistas de esa forma, sus intenciones son atendibles. Sin embargo, al acudir a las simulaciones –en base a las elecciones del 2004– los expertos electorales no llegaron al mismo resultado. Curioso.
En el fondo, el motivo quizás no sea obtener concejales más o concejales menos. El origen puede deberse a una fisura bastante anterior y casi olvidada a la hora de hacer los cálculos electorales. Ya en mayo de este año Pepe Auth, recién asumido en la presidencia del PPD, daba declaraciones que auguraban tiempos de cambio en el oficialismo: “Seremos menos políticamente correctos que ellos (refiriéndose a la directiva anterior del partido, encabezada por Sergio Bitar), seremos menos respetuosos de algunas tradiciones”. A renglón seguido agregaba, “la democracia chilena necesita mucha ruptura con los poderes establecidos, necesita aire fresco que le infunda nuevos bríos, la democracia en general se ha ido ‘achanchando’“.
Sea como fuere, descolocó a sus socios de coalición, la Democracia Cristiana y el Partido Socialista, con la decisión de presentar dos listas separadas. Y, aunque para el propio Auth el tema no daba para tanto –de hecho, ironizaba sobre el asunto: “cuatro listas sería un desastre, pero dos es perfectamente posible” – lo cierto es que el “asunto” llegó hasta La Moneda, con la mismísima Presidenta saliendo a llamar a la unión sin éxito: nunca se materializaron sus deseos de una lista única.
¿Qué hay tras esta división? Puede que un experimento electoral, un afán de medir fuerzas para ver cómo se enfrentan las parlamentarias. O un nítido aviso sobre “el cambio”, un cambio que aparentemente es más notorio al interior de la Concertación que en el antiguo slogan de Lavín.
Eso porque, a medida que transcurren los años, los discursos divergentes y afanes personales se han hecho cada vez más notorios en la coalición. Y se intuye como se vuelve a instalar en política el llamado “paradigma del Príncipe”, una política dirigida por un afán voluntarista, más instrumental y, sobre todo, esencialmente personalista.
Atemperadas por la urgencia de la transición, las luchas personales al interior de la Concertación siempre fueron evidentes y prosiguieron bajo los discursos modernizadores de Frei y Lagos, pero este cambio de foco actual emergió –probablemente– cuando se incorporó en el ojo público la idea de corrupción.
El “cambio”, que no tiene otro sentido que la búsqueda de diferenciación de los “unos” y los “otros” dentro de la coalición, ya ha dado muestras patentes: la expulsión de Adolfo Zaldívar de la Democracia Cristiana y aparición de una pléyade de diputados “díscolos” cuyas actuaciones han sido más que notorias en los últimos meses.
En este punto sería bueno retroceder 25 años y recordar que el origen de la coalición se basó en “un estratégico acto de realismo político”: ante la necesidad de realizar una transformación para superar el autoritarismo, los partidos optaron por dejar de lado sus diferencias históricas y unirse en un proyecto común. No fueron pocas las dificultades que encontró el Acuerdo Nacional de 1985 para unir y alejar a los sectores –en ese tiempo más radicalizados– para proseguir el camino institucional hacia la democracia. El paradigma del Príncipe fue superado, en ese momento, por un valor mayor: el retorno a la democracia. Lo que fue imposible de superar, en el largo plazo, fue la pugna entre socialistas y democratacristianos, alimentada por el desgaste de los años y la conversión de ciertos actores en los nuevos “príncipes” que han irrumpido en escena.
En vista de estas circunstancias, sólo queda sentarse y observar los resultados de la elección municipal de octubre próximo. El experimento electoral de la coalición de gobierno tendrá el objetivo de medir fuerzas, pero traerá costos personales a quienes lo promovieron si es que sus resultados son adversos. Sabremos, además, si efectivamente el Paradigma del Príncipe ha regresado para quedarse.



Agosto 18th, 2008 at 2:28 pm
Mira, la verdad yo veo positiva esta pequeña división siempre y cuando se acentúe y concrete como algo más allá de dos listas para una elección de concejales.
Porcentaje de votos más, puestos en el consejo edil menos, el mapa político actual le está haciendo un daño enorme a Chile y se hace vital un reordenamiento profundo ya que vemos uniones que no tiene ni pies ni cabeza en materias ideológicas que son a fin de cuenta lo que definen al país (¿DC PS? ¿UDI RN?).
Chile necesita reordenar su mapa político y si este es el comienzo bienvenido sea, ojalá la Concertación pierda 300 puestos concejales y así se desate una ola de reproches que lleven a una necesaria crisis.
Cuídate.-
Agosto 19th, 2008 at 8:09 pm
Efectivamente, y no es por que este de acuerdo con el presidente de mi partido… pero coincido que necesariamente la ruptura es el punto crucial para renovar la piel… es como la culebra… para seguir creciendo debe dejar la piel muerta atras. Y no quize utilizar otro animal por que antes que volaran las aves eran reptiles arrastrados que evolucionaron hasta las plumas… y con el modelo político actual no queda mas que forzar la evolucion.
Alianzas absolutamente paradógicas DC (que promovio el Golpe) con el PS (partido de Allende) Radicales Sociales Democratas (antiguos masones y conservadores) con PPD (lo que botó la ola de los 80) en realidad es un chiste… lamentablemente este chiste solo hace reir a algunos.
Los cambios vienen y efectivamente de la mano de la corrupcion. eso pasa cuando las viboras se muerden la lengua, se envenenan ellas mismas.
Espero que nosotros los Jóvenes de la mano del movimiento Secundario-Mapuche-Excluidos seamos lo suficientemente valientes para tomarnos las estructuras y forjar la nueva piel… y si queda fea.. bueno la mudamos denuevo.