José Manuel Ferreiro®

RLP® en encuentro con Andrés Velasco. No le pidamos peras al olmo

RLP® en encuentro con Andrés Velasco. No le pidamos peras al olmo

Algo me sucede cuando aparece la figura de nuestro ministro de Hacienda. De hecho algo me sucede incluso cuando me lo nombran.
Y no creo ser el único.
Arrugo la cara al menos, como si diera un poco de (Vel)asco.
Y siendo bien sincero, no sé muy bien por qué.

Tuvimos acceso a un encuentro que el ministro sostuvo el viernes 11 con estudiantes destacados de la mención en Economía de Ingeniería Comercial en la Universidad de Chile, y alumnos del magíster de la misma especialidad. Una clase de escogidos por su amigo Oscar Landerretche que no llegaba a las 50 personas.

Esperábamos escuchar algo diferente –es la futura elite de la economía del país-, pero en quince minutos no dijo nada muy distinto a lo que anda repitiendo constantemente: “que estamos bien preparados porque tenemos la casa ordenada”, “que es una inflación importada”, “que el precio de las materias primas está muy alto”, “que la crisis de los alimentos”, “que extinguimos la deuda pública”, “que tenemos superávit fiscal en 13 de los últimos 16 años, y que los últimos dos años ha superado el 7% del PIB”…en fin, con un poco de decepción escuchábamos lo mismo que está al alcance de cualquiera.

Velasco escenifica un personaje de sí mismo, un personaje que echó a andar algún tiempo después de asumir como ministro. De alguna forma parecía algo parco ante el “público”, y le faltaba salir más a “terreno”.
De forma demasiado estirada y evidentemente pauteada, lo vimos haciendo “puerta a puerta” para explicar los beneficios de la reforma provisional, hablando con muchas metáforas marítimas (“oleada”, “marejada”, “tormenta”), o usando eufemismos como “tocar el bolsillo de la gente”.
Pero no funciona.
Al menos yo no le creo. Es un tipo en un puesto clave y que debiera infundir tranquilidad. Y claro pues, es paradoja propia de la economía la “profecía autocumplida”. En simple, si le dices a todo el mundo que la economía se va a ir a la cresta, la gente ahorra, se aprieta el cinturón, decide dejar de consumir, y prefiere no endeudarse. Con eso la economía comienza a estancarse y la crisis se hace una realidad. Lo que es una crisis de expectativas, deviene en una crisis económica real.

Sin embargo, algo tiene Velasco que no infunde confianza. Y no pasa porque sea un tipo que no sabe lo que hace. De hecho, su trayectoria académica debiera producirnos lo que produce: que es un economista cuyo manejo técnico es inapelable. Claro pues, profesor de la cátedra Sumitomo de Finanzas Internacionales y Desarrollo de la Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard. Doctorado en Economía en Columbia, y con estudios posdoctorales en Economía Política en Harvard y MIT. Impresionante.
Claro a parte de alrededor de cien artículos publicados, tiene también un par de novelas (¡vaya epidemia esta de economistas e ingenieros que les da por la literatura!), pero no es por ellas que está donde está.

Tratar de criticar sus decisiones macroeconómicas sería la definición de lo pretencioso. O sea, el tipo es profesor de Harvard. Y es tal vez esa la imagen que proyecta. Las críticas a su gestión tienden a ser tibias, tímidas. Y sólo queda un asunto de paladar, más político, en el cual uno puede discutir su visión económico-política y discrepar de ella.
En otras palabras, hay quienes creen que llevar dos años con un superávit fiscal superior al 7% del PIB es un exceso de conservadurismo y mesura, y que bien vendría usar algo de ese dinero habiendo tantas necesidades en un país –que finalmente- no es mucho más que “emergente”. Yo me considero dentro de ellos, pero yo qué sé. Fueron pocos los ramos de economía que tuve, y de Velasco sólo he leído un patético artículo escrito por él llamado “La (In)Felicidad”.

Pero ¿qué pasa con su manejo político?
¿Qué pasa con el Velasco ministro, no con el académico?

Habría que partir por buscar su trayectoria política: ninguna.
Su nombramiento de por sí fue una sorpresa. Todos daban por seguro a Mario Marcel, pero al parecer el mismo Landerretche es demasiado amigo de la presidenta y demasiado amigo de Velasco.
Este hijo de exiliado hizo toda su juventud y madurez en la academia estadounidense, y la única razón que este prototipo a medias del “self made man” tenía para volver al país donde nació, era para hacerse cargo del ministerio –hoy por hoy- más importante del país.
No le responde a ningún partido político, su plataforma –fiel al viraje que está teniendo la política hacia la tecnocracia- es un “think tank”: Expansiva. Tan fuerte es su influencia que Expansiva logró tener 5 ministros a comienzos del Gobierno.
Ahora, la diferencia entre la formación que puede tener un político en un partido o en un “think tank”, radica en que en el primer lugar debe aprender al negociar y obedecer. En el segundo, debe poseer la verdad. O lo más cercano a ella. Mal que mal, está generando conocimiento para influir. El lugar de influencia del académico es mucho más acorde a su espíritu en una institución de este tipo, que en un partido.
No es de extrañarse entonces que le cueste negociar. No es de extrañarse que le haya llevado la contra a ministros del interior, secretario general de gobierno, del trabajo, economía, defensa, y hasta la misma presidenta.

Hay uno de estos encontrones que recuerdo con mucha claridad porque me tocó estar presente: acababa de llegar a Haití la entonces ministra de Defensa Vivianne Blanlot en visita oficial. En el marco de una exposición -de el entonces jefe de la misión Juan Gabriel Valdés- sobre el estado del país caribeño, sus necesidades, y la acción de Naciones Unidas, un periodista le pregunta a la ministra si acaso le parecía razonable que Chile usara algo de los excedentes del alto precio del cobre para ayudar al país que decimos estar ayudando.
Blanlot contestó obviamente que sí.
El periodista obviamente sacó la respuesta de contexto, y acá ardió Troya. Velasco en uno de sus primeros golpes sobre la mesa dijo que “aquí el que decide el uso de los fondos fiscales soy yo”. A los pocos meses su ex-compañera de “Expansiva” dejaba el cargo.

Desde los Gobiernos de la concertación jamás se ha cambiado un ministro de Hacienda: Foxley, Aninat, y Eyzaguirre han terminado sus períodos. En este caso, Bachelet también ha mantenido la tendencia intacta, y ha dado una especie de señal manteniendo también a Andrade en el ministerio del Trabajo, pese a lo mucho que ha estorbado a Velasco.

Velasco tiene la razón, y no dejará de tenerla.
El sábado pasado, en la revista de ese día de El Mercurio, Velasco afirmaba que “cada día lo paso mejor como ministro”. El viernes 11 decía a los presentes que “son afortunados porque les va a tocar vivir un remezón internacional”. Velasco está entretenido, cree que toda esta convulsión que toda esta crisis es algo digno de estudiar y experimentar. Su mirada es la del académico, no la del “servidor público” que ve tras esta situación la preocupación, precariedad, hambre, y empobrecimiento de “la gente”. Velasco tiene ante sus ojos un “laboratorio” que cualquier investigador desearía poder manipular en la medida de lo posible.

¿Cómo le vamos a creer que hay que estar tranquilos, si a él todo esto le entretiene con una avidez en la que pareciera que deseara ver una crisis extraña y única?
¿Cómo le vamos a creer sus acartonados “puerta a puerta”, si realmente preferiría estar en otro lugar, mirando más de lejos todo el panorama?
¿Qué “disciplina” o negociación política va a tener este “gringo”, que a penas termine la pega volverá con aún más experiencia (académica, no política) a hacer sus clases, charlas, y artículos?

No le pidamos peras al olmo. Tenemos un frío tecnócrata manejando los recursos del Estado.
No un tipo con vocación de servicio público.
No un tipo con empatía hacia “la gente”.
No un político.
Aunque claro, ¿quedan políticos con las características antes descritas?

2 Responses to “RLP® en encuentro con Andrés Velasco. No le pidamos peras al olmo”

  1. 1
    Jaime Ceresa® Says:

    Me causó algo de pavor eso que vea con entretención la crisis mundial.
    Una cosa es ser docto para mirar la vida, pero otra es adolecer de frentón de conciencia social y sensibilidad.

    No puede ser que un Ministro de Estado declaré tan livianamente que la época es entretenida siendo que hay metalúrgicas que están cerrando por las alzas del petróleo y el fierro, siendo que hay una clase media que se hunde día a día, etc.

    Me gustaría verlo enfermo con algo grave y que un doctor le diga que va a ser entretenida su agonía porque le va a permitir a el estudiar una enfermedad…

    Definitivamente Velasco en lo que respecta a inteligencia emocional es un soberano imbécil.

    Cuídate.-

  2. 2
    Daniel Says:

    Velasco podrá ser un gran profesor pero le falta para ser un ministro que, además, tenga manejo político.
    Saludos

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