El trabajo de los políticos
Sí, está claro. Son muy pocos los políticos que trabajan en el sentido más estricto de la palabra, son pocos los que trabajan para el pos de un país mejor, son pocos los que pasan horas y horas en el congreso discutiendo y debatiendo ideas. Sin embargo, hay una gran parte que sí, trabajan, pero para no dejar de figurar.
Es el caso de gran parte de la bancada de la Alianza que en su papel de oposición destructora trabajan para ser el freno del tímido e inocuo progreso, o también el caso de la Concertación y sus políticos que trabajan, pero para ellos mismos, para llenarse sus propios bolsillos y perpetuarse en sus cargos que le permiten subsistir.
Pero hay casos puntuales, como el del cineasta-alternativo-frustrado Marco Enríquez-Ominami con sus peliculillas comerciales de mala (por no decir pésima) calidad o bien con sus recurrentes apariciones en programas como CQC, tirando la talla con sus amiguitos que pierden el tiempo yendo al Congreso para ver si pueden tener cuñas “graciosas” de los poco agraciados parlamentarios.
Pero el emblema de esta situación es otro político trabajador de la bagatela, Nelson Ávila, senador que sufre una verborrea crónica y endémica, quien tampoco pierde su tiempo en el Congreso. Él se preocupa por cosas del país, pero por las que menos nos importan, cosas como: “La mujer del caño”.
Fue lindo lo que hizo este personaje, en todo sentido, ya sea en su parte física como en el mensaje que quiere dejar con sus atrevidas presentaciones. Sin duda, una nueva experiencia para el chileno que nunca había visto de cerca un cuerpo contorsionándose en un fierro (paradero de axilas sudadas, traseros húmedos y manos callosas llenas de bacterias).
Pero la acción conjunta de la exacerbada represión por parte de la policía y la oleada de críticas de la gente más conservadora que recibió la bella dama del “caño” no implicaba que dicha situación tenía que convertirse en la bandera de lucha de un Senador que debería estar más preocupado de mitigar las cagadas que hay en el país antes de buscar fenómenos mediáticos para colgarse de ellos, y así no dejar de ser el –intrascendente– tema del chileno medio.
Pero hay que reconocer algo, bien pueden ser ciertos los argumentos del sr. Ávila. Claro, pueden verse cosas mucho más fuertes que una mujer jugando con un fierro en la TV, sin embargo, en su crítica no hay nada más que el típico eufemismo del político, apelando a la ingenua sensibilidad del espectador promedio. Porque si analizamos más a fondo, el Senador Ávila, si tanto está consciente de aquel problema que expone, por qué mejor no vuelve a su butaca al congreso a poner el tema a la palestra en vez de justificar actos que no necesitan razones perogrullescas, si ya estamos conscientes de que nosotros los chilenitos no estamos acostumbrados a ser testigos de actos que tratan de ampliar nuestra estrecha mente.
El trabajo de un político no es solamente diagnosticar los males de la sociedad que tienen en sus manos, también es mitigar y dar remedio a la enfermedad que nos afecta. Cosa que ninguno de los honorables ha querido hacer. Ese es el punto. El problema no está en que si está bien o está mal el que Montserrat Morilles (La guapísima diosa del caño) baile en el metro, en el congreso, en la moneda o en cualquier lugar, después de todo, como dicen por ahí: “la maldad del desnudo está en los ojos del que mira”. El drama es la involuntad de responder de manera eficiente a los pueriles por qués de la gente ante acontecimientos como éste.
Lamentablemente, la voluntad de poder, no está dentro de nuestro control como simples ciudadanos, sino que aquel arranque lo tienen los congresistas, los ministros y subsecretarios de cartera. Ellos son los que pueden operar la maquinaria del cambio, pero no, cualquier cosa que implique modificar el status quo es un repelente para todos ellos.
No puede ser así. Cambiar la mentalidad, hacer surgir al país, no sólo como potencia económica sino que como potencia cívica es la meta, la lejana llegada para recién después de eso, comenzar a proyectarnos como una nación desarrollada, para sacarnos el adverbio de “en vías”. ¿Durante cuánto tiempo hemos escuchado que Chile es el país “subdesarrollado”? Eso puede cambiar cuando la política deje de actuar como un ente acéfalo que no haya que hacer cuando se presentan problemas.
Ese es el trabajo de los políticos, o al menos, el que deberían hacer. Entonces la pregunta es esta: ¿Los políticos están haciendo bien su trabajo? La respuesta es clara y rotunda: NO. ¿Qué esperamos para cambiar el panorama? Es lo único que tenemos en nuestras manos… votemos a consciencia, votemos por ideas, por consecuencia, por probidad. No por imagen, no por capacidad retórica, no por ser mujer, no por ser un emblema histórico.
Cambiemos a nuestros mediocres políticos para cambiar nuestra mediocre mentalidad. He ahí –parte importante de– la solución.



Julio 23rd, 2008 at 11:35 am
Que bien escribe este chiquillo…
(no mentira)
Julio 23rd, 2008 at 11:39 am
Me gustó el planteamiento…atacar la forma en que se hacen las cosas, no el fondo.
Es claro..que gana Avila llevando temas como le represión en las calles en democracia al Congreso, donde no hay cámaras no votantes mirando???
Pero en conferencia de prensa estos temas están lejos de zanjarse por cierto.
Cuídate.-
Julio 23rd, 2008 at 1:38 pm
Los politicos trabajan como trabaja un chileno medio…
o sea, como las we’as, al lote y rapido…
un abrazo
Monchito
Julio 23rd, 2008 at 1:54 pm
Me leiste el pensamiento. Para tener cambios en Chile primero tenemos que sacar del Congreso a todas las bostas que solo vegetan en sus asientos y poner a gente que trabaje por el bien de Chile, pero en serio.
Saludos
Julio 23rd, 2008 at 2:59 pm
Lo más curioso es que mucha gente quiere más personas en ese lugarcillo llamado Parlamento, a sabiendas que los ya existentes no son un gran aporte para la sociedad, salvo en ocupar sendos viáticos que ya se quisiera uno sólo para ir al trabajo…
Re - solución o simple capacidad de hacer bien las cosas, veamos que ocurrirá con las elecciones municipales.
Julio 23rd, 2008 at 10:49 pm
Van a puro calentar el asiento oh.
Buen artículo, “qué bien escribe este chiquillo”.
Ale.-