Revista La Página® en el cierre de la gira de nacional de Juanafé
Concierto del cierre de la gira de Arica a Punta Arenas de Juanafé.
28 de junio, Teatro Teletón
Fotos: Francisco Kauseo
Valga la aclaración: si bien creo que el tema de la objetividad no está para nada resuelto, y tiendo a pensar que es más un horizonte que una realidad, no puedo escribir esta columna desde otra perspectiva que no sea la personal.
Al “pelao” (Juan Francisco Ayala, voz) y al Jaime (Concha, bajo) los conozco desde el 2000. En esos tiempos, Jaime y yo éramos compañeros en la U. Y en esos primeros días de clases en que no sabes muy bien a quién acercarte ni cómo, fue el Rock el que nos dio tema.
Las poleras de bandas que te gustan pueden ser una buena excusa para conversar. Él tenía una banda de “aggro metal” o algo similar llamada “Mal de Chagas”. En esa banda Juan Ayala era uno de los dos vocalistas.
Hay que decirlo: el más carismático, el que prendía al público.
Sin embargo Jaime y Pelao querían otra cosa. Los estaba aburriendo un poco esa música, los estaba aburriendo la onda. Había ganas de salirse y hacer otra cosa. Y así fue.
Al poco apareció Tomás Muhr, “el flaco” (percusiones), y el proyecto fue tomando cuerpo.
Junto a eso, las ganas de irse de casa y armar un proyecto conjunto. Nace también el “Centro Cultural B.A.R”, hogar donde vivimos, sala de ensayo de Juanafé, y otras bandas y proyectos que por ahí pasaron como Guachupé, o “La Mano Ajena”.
La formación original se completaba con Gonzalo Ibáñez (“el diablo”), y Pancho Craddock (el sólido baterista). Rodrigo Rojas en los teclados (ex Escaso Aporte) cierra ese sonido necesario que buscaban, y claro, el otro percusionista, para el primer disco Marco Soto “el comandante”, y para el segundo, el actual: Pablito Vargas. En el camino se les suma Pablo Reyes “Perrín”, con el tres cubano y la segunda guitarra.
No es mi intención aburrirlos con biografía, todo lo contrario. Pretendo dar cuenta el orgullo que da ver cómo esta banda se consolidó en tan poco tiempo: en cuatro años ya sacaban dos discos (“Con los pies en el Barrio” del 2004, y “Afrorumba chilenera” el 2007), y tocaban en el festival de viña.
Harto, harto trabajo, buena gestión, buenos contactos, pero por sobre todo: buena música.
Si hay algo que no ha cambiado desde esos “conciertos” para menos de 50 personas en el patio de la casa en el barrio Brasil -ese patio cuyas baldosas adornan su 2º disco-, y el frente a los 1700 que llenamos el Teatro Teletón el sábado pasado, es que Juanafé puede tener un público muy transversal en edades y clases sociales. Es muy fácil que te gusten.
Pero no se queda ahí. Tampoco en los FONDART que han ganado, el Sello Azul, o el Fondo de la Música.
Las letras. Hay en ellas una gran asertividad e inteligencia para tratar los temas que los inquietan, para mantener los ojos bien abiertos, y para que esa alegría que invade cuando se bailan los ritmos pegajosos o se sigue la figura del “pelao” en el escenario, no se quede en eso. Es una alegría “agridulce” si se quiere.
Abrieron el concierto con el tema que le da el nombre al segundo disco. Una letra que es elocuente y parece una declaración de principios a ratos:
No hemos dejado de creer/ que esta situación es dura/ que nos sobran las razones /para cantar nuevas canciones y volver a florecer/
No hemos parado de soñar / y a pesar que pasa el tiempo/ ya no hay miedo a equivocarse/ ya no hay miedo a resbalarse/ ni miedo a desafinar
Luego siguieron con mi tema favorito, “Barrio Viejo”, el que abre su primer disco. También es otra declaración de principios, pero en otro registro.
Es una letra en la cual el protagonista es el barrio de Conchalí donde vivía Juan Ayala. Una letra en la cual “Pelao” llama a recuperar –cantando, bailando- esa tradición popular de la vida de barrio. El “rollo del barrio” como le decíamos en esas conversas. “Si la calle queda vacía/ nadie va a poder cantar…”.
Es una canción que sintetiza muy bien (para mi gusto) todo lo que pretende Juanafé en sonido y mensaje. Ambiciosa y bien lograda. Como ellos mismos. (Por favor leer “ambición” en una clave inmaterial)
Letras en torno a la memoria, la desigualdad, la “seguridad ciudadana” y el miedo, la delincuencia, la desconexión (y mentiras) de los políticos con la calle, los narcos de pasta base, el amor, el “enfriamiento” y “telarañas” que a alguno/as trae el invierno, la playa y la nieve de lavín…y por su puesto, los vendedores ambulantes.
Juanafé es una banda que no sólo quiere alegrar y hacer bailar, quiere decir algo. Y por eso el trabajo que han hecho mediante proyectos en diversas comunas “populares” se entiende más en un contexto de consecuencia, que de ampliarse hacia un público que no podrá pagar mucho por su entrada.
Costaba, en el concierto del sábado, mantener la atención solamente en ellos. Una puesta en escena muy precisa y la proyección de imágenes reforzaban una estética que en verdad es un mensaje. Es un tema. Es una reivindicación.
Cuando cantaron “Peligro”, ese tema dedicado a Alejandro Cornejo –amigo asesinado de Juan Ayala-, a la delincuencia y la cesantía, sonó una frase que sentencia fuerte y claro: “vamos todos por mal camino”.
No sé a cuántos más les pasará, pero cada vez que la escucho me queda resonando un rato…y sí: me deja pensando. Y me gusta que me pase eso con la música. Si hay letra, si hay logos, hay posibilidad para pensar y no sólo contemplar estéticamente.
Si pudiera describir el concierto en una palabra, diría lo que les dije a ellos: estuvo muy bonito. Fue un ambiente muy cercano, a ratos familiar. Confluencia de varias generaciones, y una alegría en ellos que se desprendía de culminar un arduo proceso, donde no pararon –literalmente- de tocar en más de dos meses, recorriendo, más encima, distintos rincones del país (En verdad, de Arica a Punta Arenas). Clausura de un bello proceso de impregnarse, viajar, encontrarse con distintos públicos, tocar en distintos escenarios, recorrer distintos rincones.
La belleza de esa experiencia, ese último esfuerzo de un cansancio antes de un mes de merecidas vacaciones transmitieron una energía muy bella, un ambiente de mucha confianza, y una energía que culminó ahí mismo: Tocando tambores y percusiones, bajando del escenario, adentro del público, en un recurso que –hay que decirlo- bien imitaron a Ozomatli cuando los vimos en uno de los galpones de Chucre Manzur.
Nunca he dejado de pensarlo, y nunca dejo de decírselo a ellos mismos: para mí, siempre están haciendo Rock antes que cualquier otra cosa. Esa es la actitud.



Julio 4th, 2008 at 9:06 pm
Ni idea quien es Juanafé… pero igual me leí todo el artículo.
Saludos.
Julio 5th, 2008 at 12:44 pm
Wen artículo, me gustó porque no tiene esa cosa técnica que tienen las cuberturas de conciertos en los medios…directo a la sensación que provoca…que me importa un buen rif de guitarra si no me transmite nada.
Un Abrazo.-
Julio 5th, 2008 at 4:57 pm
Excelente articulo que da cuenta de un grupo que ha sabido plnatearse con temas sociales para la familia. Eso es difícil en un “comercio” en que se busca un target específico y se crean canciones idiotas pensando que “eso vende, eso les gusta”
Me gusta Juanafe y espero que sigan creciendo, sin ponerse metas a largo plazo porque ellos no tienen un tope…hacia arriba infinito.
saludos.