La honestidad teñida de tiempo
Ellos no sabían lo que provocarían. No tenían idea de lo que significaría la revolución. Su revolución. Utopías que dejarán de serlo sólo cuando el fáctico ceda. El fáctico es cabrón. Sueños románticos que se convertirán en realidad cuando el gobierno entienda. El gobierno es sordo.
Cambios, quieren cambios. ¿Para qué? Para hacer de Chile una nación autosugestionada, un país ruborizado por propuestas intrascendentes y en extremo condescendientes, conversaba la Ministra con sus amigos empresarios educacionales. “No se preocupen, yo los protegeré, debo seguir el legado”.
Marchas, paros, tomas, actividades culturales y de reflexión, esa es su “revolución”. Espera, ¿Reflexión? Sí, reflexiones respecto a ideas que contornean una mesa cuadrada, compuesta por entes de cabezas cuadradas, de lógicas cuadradas, de argumentos cuadrados, de cuerpo cuadrados, pensaba un joven universitario que veía en las noticias la incipiente nueva movilización estudiantil.
Mesas de diálogo, comisiones de trabajo, reuniones de gabinete. ¿Trajeron galletas suficientes para todos los invitados? Es lo primero que piensa la Presidenta cuando ve a los estudiantes sentados en su sala de reuniones, más repleta de periodistas que no atinan a nada más que sacarse los mocos de sus narices que de actores sociales importantes para mitigar la problemática que tiene a Chile más angosto de lo que naturalmente es.
La revolución no revolucionaria, la evolución involutiva, el progreso retrógrado, las ganas sugeridas, las originales ideas plagiadas, la honestidad teñida de tiempo. ¿De qué sirve?, pregunta un tímido iluminado pensante que se atreve a cuestionar lo que está más allá de lo evidente.
Luego de su inteligente pero inoportuna pregunta es engullido por su detractor, el sistema. Nada se puede hacer, nada se hizo y nada se hará dijo el mayordomo del Palacio luego de depositar en la mesa una bandeja con un dado.
Juguemos al azar, dijo la mandataria a los escolares pseudo libertarios, el que saque el número mayor, gana. Ingenuos, los estudiantes adolescentes aceptaron la propuesta. La presidenta tira primero; sacó un cinco.
Turno de los pingüinos, uno de ellos toma el dado con su aleta pero resbala sin que la mecánica de su lanzamiento haya sido propiciada por su intención. El dado marca 1. Gané, dijo la Presidenta, pero los estudiantes ya habían salido por Plaza de Constitución para orinar las murallas de la casa de gobierno.
Carabineros corre tras los energúmenos estudiantes. La cuca encierra a unos cuantos y 10 gladiadores de verde salen llorando del bus con claveles en sus manos en vez de palos y escudos. Algo recuerdan con nostalgia y no los deja seguir operando. Miran al cielo y ven un helicóptero que sobrevuela las calles
El llanto es insoslayable, no pueden contenerse y levantan la mano como queriendo evitar que la aeronave toque el piso estrepitosamente. Los pingüinos corren como pueden, escapando de la impávida acción de los llorones policías de la patria.
Los rebeldes llegan a Plaza Italia y se encuentran con la masa de estudiantes que allí los esperaban. Cagamos, gritó uno. Y la revuelta empezó.



Junio 5th, 2008 at 3:15 pm
Creo que por lejos esto debe ser de lo más surrealista que te he leído Alejo, está bueno, hiciste trabajar mi imaginación.
Junio 5th, 2008 at 4:35 pm
uhhhhhhhhhhhh….. me emocione!!!!!!!!!
Junio 5th, 2008 at 11:23 pm
“…pregunta un tímido iluminado pensante que se atreve a cuestionar lo que está más allá de lo evidente…”
te caxe que veiai los Thundercats xDxD…
plagio a Leono, te voy a acusar con él xD
saludos…es irrealmente real tu relato
Jonathan