Estadio Nacional Julio Martínez Prádanos: La Burocracia de un Recuerdo
Hagamos un recuento:
El 2 de enero de este año, después de haber sido dado de alta 2 días antes, muere Julio Martínez tras haber pasado el año nuevo con su familia. Los homenajes no se hacen esperar y rápidamente cunde en Chile una especie de “duelo nacional”. La gran mayoría parece sentir la pérdida del periodista de 84 años.
Una semana más tarde, el 8 de enero, un grupo de diputados ingresa la iniciativa para cambiar el nombre del Estadio Nacional, a “Estadio Nacional Julio Martínez Prádanos”.
Esta iniciativa legal se funde con otra emanada desde el mismo gobierno.
Con una rapidez que saca ronchas por cada vez que nos dicen que un proyecto importante “duerme” en el congreso, el jueves 10 de enero la cámara de diputados anuncia que el cambio es aprobado por 53 votos a favor, 11 en contra y 2 abstenciones.
Hasta aquí tenemos un escenario que parece de consenso amplio y de nula discusión… pero tal vez falta añadir una fecha a nuestra cronología:
El 4 de enero, Belisario Velasco –el segundo ministro del Interior en dos años- presenta su renuncia indeclinable. Dijo sentirse marginado de decisiones que le atañían y acusó una pérdida de comunicación con la Presidenta.
Ya es demasiado tarde para alegar que se está mezclando política y deportes. Esa mezcla que siempre genera tensiones y suspicacias, desde (ex) candidatos presidenciales comprando acciones de equipos de los cuales nunca fueron hinchas (con una semejanza demasiado evidente a Berlusconi), hasta boicots a Juegos Olímpicos, pasando por Evo Morales jugando pichangas en la altura para llevarle la contra a la FIFA, o el criollo escándalo de Chiledeportes.
En cualquiera de estos casos, pareciera que el deporte no se acomoda mucho con la idea de politizarse, pero sigue siendo una presa deseada por la política. O por los políticos más bien.
Y la renuncia indeclinable de un ministro del Interior no parece ser un buen signo de “gobernabilidad”, o de “autoridad”. Si a eso le sumamos que justo un mes antes el vocero “hijo de” renunciaba para hacer carrera parlamentaria.
Senadores y diputados díscolos generaban todo un menjunje en donde daba la impresión de que en este equipo no se escuchaba la voz del DT y de que no había capitán dentro de la cancha. Mientras algunos trataban de hacer los goles jugando solos, otros se taimaban porque quedaban fuera de la acción del partido.
La muerte de Julio Martínez aparece –maquiavélicamente, hay que decirlo- como una solución político-comunicacional, paradójicamente, “caída del cielo”.
Esta figura deportiva, dueña de un carisma aparentemente transversal (Weber nos enseña que el carisma no es un atributo de la persona, sino que es otorgado por los seguidores), aparentemente despolitizada, se transforma en un ícono que “une a Chile”. Palabras que el entonces presidente del Senado, Eduardo Frei, utilizaría para defender la decisión de la Cámara baja.
Sin embargo, este impulso tan vigoroso empieza paulatinamente a diluirse…
Inicialmente el proyecto debía votarse en el Senado el 21 de enero. Sin embargo, aquí la votación no fue tan sencilla. De hecho, aún no ha tenido lugar.
Así como antes los diputados Rossi y Farías habían manifestado públicamente las razones para votar en contra, esta vez los Senadores Ávila y Pizarro argumentaron “oportunismo legislativo” y “legislación emocional al minuto” el primero, y una falta de pertinencia por no haber sido deportista, el segundo. Los senadores Coloma y Larraín de la UDI tomaron la palabra para manifestarse a favor dando cuenta que él fue una figura de unidad y que “no hay que tener una visión unidimensional de la historia, ya que no sólo pasaron momentos dolorosos en el recinto”, según el presidente gremialista.
La cantidad de senadores dispuestos a dar su opinión dilató la votación hasta marzo. Para después de las vacaciones y de hecho estaba dentro de los 10 proyectos en tabla al inicio del año legislativo: El 3 de marzo… hasta ahora no ha pasado nada.
Ernest Renán decía que la esencia de una nación es que las personas tengan muchas cosas en común, pero que también hayan olvidado muchas cosas… y hacia allá parecen moverse los argumentos que defienden ponerle al estadio el nombre del periodista en nombre de la “unidad nacional”.
Una última fecha: el 15 de enero un grupo de 10 diputados propuso generar en el Nacional un “museo abierto, sitio de memoria y homenaje en conmemoración a las víctimas torturadas y asesinadas por la dictadura del General Pinochet”. Este proyecto también está en trámite, pero no ha salido de la cámara de diputados.
Ojalá otros senadores, como Ávila, se den cuenta que este no es un tema que genere consenso, como ha quedado en evidencia en blogs, foros, y cartas a los diarios.
Unión Española, club de los amores del comentarista hijo de inmigrantes españoles ya anunció que su nuevo estadio llevará su nombre.
¿Es necesario un segundo estadio en santiago llamado Julio Martínez?
Por ahora, el silencio otorga la respuesta.



Julio 20th, 2008 at 1:33 pm
Tema viejo, viejo…pero quiero rescatarlo, escencialmente porque hace poco el estadio ha sido cambiado, de facto, su nombre a Estadio Nacional Julio Martínez. Y yo quiero decir, sin afán de quitarle méritos a JM, pero de todas formas: Hizo lo suficiento como para que el estadio lleve su nombre? El hombre hizo su pega, y bien hecha, pero nada más.
Por qué no se debatió otra gente? Julio Martinez podrá haber relatado el mundial del 62′, pero quien lo trajo a pesar de los problemas por los que paso el país (Terremoto de Valdivia en el 60) fue don Carlos Dittborn. Y eso solo por citar un ejemplo.
Como bien se infiere del artículo, esto no es más que una politiquería barata. Y es lo que más pena da.
Saludos.
Abril 16th, 2008 at 1:16 pm
Este es el único caso en que me alegro de que la ley duerma. Si se hubiesen apurado estaríamos con un cacho de que el Estadio nacional cargue como una cruz con el nombre de Julio Martínez P.
Habría sido demasiado, tanto como el oportunismo del gobierno que como nunca atendió 2 vocecillas de la UDi, un murmullito diciendo “y si le ponemos JM al Nacional?” ¡Chuta! Vidal se llegó a peinar y a gritarlo en cadena nacional que la propuesta había ingresado…
¡Esperen, esperen!
¿Y qué opinamos nosotros? ¿Julito merece el Nacional? Tengo mis dudas. “Relató el Mundial del ‘62″… o sea con esa lógica, el Monumental debiera llamarse Milton Millas, porque relató la Copa Libertadores’91… ¿ridículo, no? Claro. Es algo circunstancial.
Rafael Gumucio tiene otras razones que publicó en The Clinic. Por el silencio en épocas que debió hablar. En fin, pregúntenle a él o busquen ese número.
Pero para mí renombrar el Estadio tiene mi rotundo no. Yo y otros muchos.
Para el final, les pido esta vez a los parlamentarios, ‘dejen que esta ley duerma no más’
Abril 15th, 2008 at 6:39 pm
Nada que ver con el tema… o sea si, igual es parecido…
¿alguien se acuerda que tienen que legislar sobre el estándar de televisión digital que va a tener Chilito?
Yo sí, y los usuarios también, no se los dipus y senas…
PD: que me reí con el post de Bruno xD
por las paperas, que cruel! jajajaja XD XD