Luego del fallo del Tribunal Constitucional, en relación a la distribución de la “Píldora del día Después” en los consultorios; quedé con una sensación extraña, me siento manipulada, algo atropellada y sinceramente avergonzada del país que estamos construyendo.
Pues sí, me siento participe de este país, aunque mi opinión pese menos que un “paquete de cabritas“; creo que mi voto (no sólo el mío obvio) contribuye a que lleguen determinados personajes políticos de los que aparecen o buscan pantalla.
En mis 15 años de ejercer mi deber cívico, no he querido participar del llamado “Voto Bronca“, para mí no es solución anular mi voto.
Desde que cumplí los 18 años he hecho filas para que se plasme mi participación política, la mayoría de las veces me he desayunado con lo que he votado, ya que en las presentaciones con foto de estudio y frases de buena crianza de los políticos, no apareció nunca la frase: “Puedo ser una bestia para los acuerdos bajo la mesa” o “Apitutaré a cuanto familiar o amigo pueda” o “Le aseguro la representaré horrorosamente“.
Sin embargo hay un dato que después del suceso detallado en un principio, no podré dejar de lado para evaluar (si es que es posible hacerlo a priori) a mis candidatos, y es a qué religión pertenecen. Será relevante poner atención para contabilizar cuantas veces menciona a Dios, Alá (Allāh) o Jehová en sus apariciones, ya que este dato nos podría jugar una mala pasada en un futuro.
La decisión del Tribunal Constitucional, que tiró por tierra lo que el Gobierno concertacionista trató de instaurar como política de control de natalidad, sumó un voto de un democratacristiano que dejó su militancia política para integrarse al mencionado Tribunal pero que no dejó su religión al momento de votar y me refiero al Señor Mario Fernández, sí aquel que fue ministro de Ricardo Lagos.
Este señor o caballero mejor dicho; ya que el Señor, para estar a tono, estaría en el cielo; lo único que consideró para votar a favor de los requerimientos de los diputados de la Alianza por Chile fue la opinión del Vaticano.
Su percepción religiosa o mejor dicho la de otros, lo llevó a optar por un lado de la balanza; es preocupante que esto suceda en un país con “Libertad de Culto“, donde la decisión de un determinado representante nos afectará a todos: “Moros y Cristianos“.
Según el censo del 2002 un 70% de la población se declara católico, el resto de la población debe mirar como una religión que ha gozado por años con más privilegios que las otras, influye en las políticas públicas.
Como hace unos 10 años, previo a una elección, aparecieron unos rayados en las murallas que decía: “Anula con la tula“, Guachuneit. ¿Habrá sido eso posible? Bueno, a mí se me hace por anatomía imposible, pero carajos que ganas me dan de poder…
Escrito por Verónica Palma
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