Tamy Palma®

La picante más asumida del mundo (Sin dejar de ser ordinaria)

La picante más asumida del mundo (Sin dejar de ser ordinaria)

Eso de que las señoritas no dicen garabatos es una brutal falacia.
No era el día perfecto, obvio, si para una floja y vaga que no sabe hacer nada por la vida, como yo, un día de colegio JAMÁS será perfecto.
Es típico verme con pantys rotas, roñosas y medias grises (no me gusta lavar ropa). Soy tonta rematada, pero súper popular -también de plaza Italia para abajo, así de populacha-
Parte de mi descripción de niña algo retardada obedece bastante a lo que contaré a continuación…

Por fin tocaban ese timbre que deja libre a las bestias de las salas de clases. Era la hora de almuerzo, esa donde mi estómago le pide a los más nerd y golpeables del establecimiento que le aporten el 98.8 % de su comida a “fundación mi intestino“. El otro 2.2% es para que no digan que una es aprovechadora y mala clase. Soy rota pero digna.

Después de quedar bastante más que satisfecha, subí como ballena en preparto las escaleras para ir nuevamente a la jaula. Entré a mi clase, inservible, de matemática esperando que pasaran 45 minutos para justificar mis típicas cimarras internas con las excusas de ir al baño -a estas alturas deben creer que tengo problemas estomacales-
Cuando se cumplió el plazo, di tregua a mi profesor que no soporta escuchar mi boca reventando globos de chicle, ni menos sacarme las cejas y bigotes a vista y paciencia de todos los hombres, porque dice que eso sí que es mata pasiones. (Pero hago oídos sordos. No me puedo exponer a una posible peluca en la boca.) Le hice el favor al cojo maestro y salí de la sala.
Fue ahí cuando no hallé nada mejor que ir a la biblioteca del colegio, para que me crean culta, no es que lo vaya a ser, sé de mis condiciones unineuronales. Pasé por muchas salas, y como siempre, saludando a todos los profesores que estaban dentro de ellas, ser patera es una experiencia enriquecedora.

Cuando quedaba menos para la puerta maldita, pasé al baño para peinarme los bigotes que no me pude sacar en la clase que estaba capeando y para subirme un poco la falda y ser más provocadora –cuando una es plana, tiene que elegir la opción B: las piernas- Una vez terminada la misión de arreglo, partí decidida a pedir un diccionario o tal vez una revista, a esas alturas ya daba lo mismo.

Tres niños con sus mejores pintas de nerd en evolución a más nerd, trataban de hablar con una de las profesoras más histéricas, copuchentas y arpías del colegio: Lachita Kees-Ataosa.
Una profesora de lenguaje que nos cautiva con sus frases célebres: “Shuta que es shiluli este cabro shico” por querer decir “Este niño es un ordinario” o “Shaaa… Tengo cualquier nota en el libro!” por “Tengo bastantes notas en el libro”, “Esta es mi washis pirris” por “Ella es una gran amiga” y una de las más fuertes “Shiquillos, perdónenme por llegar tarde, es que estuve con un shurrete…” por “Niños, perdonen la espera, estuve con problemas de salud” .
Sin dudas, uno de los personajes más siniestros del colegio.
Cuando nos estira la mano porque estamos en problemas, los alumnos muy confiados la tomamos, pensando que es un camino a la felicidad. Sin embargo termina siendo todo lo contrario porque fijo que nos mete en otro tipo de dificultades.
Pero de todas maneras, la congoja más grande te la llevas cuando te metes solitos en problemas, porque como dice mi compañera obsoleta “wena Naty” por la boca muere el pez.

Iba con mi mayor cara de de ansias para aprenderme un par de palabritas del diccionario, que probablemente, se me iban a olvidar en el momento en que pasaba a la otra página para leer otras palabritas.
Decidida y pensando que tenía chipe libre para entrar a la biblioteca, vi una extraña escena de ruegos a la profesora. Muy campante y con mis ánimos de alevosía copuchenta hacia ellos, fui entre saltos absurdos que me hacían saltar hasta el alma, a ver qué pasaba.
Y ahí empezó lo que sería el fin de mi último pedazo de fémina que me quedaba. Lachita Kees-Ataosa no se dio cuenta que venía yo, su alumna porra pero regalona. Empujé a los pernos a una pared para poder hacer mi triunfal entrada, pero la señora cerró la puerta en el mismo instante en que yo iba a entrar.
Cuando vi la puerta en mi cara grité un magistral ¡¡¡PUTA LA VIEJA HUEONA!!!

Mágicamente la puerta de a poco comenzó a abrirse, lentamente, sin apuros, en cámara lenta. También, mi cara comenzó a tomar una forma extraña: boca abierta y ojos horripilantes, que no podían haber estado más salidos.
Creo que el comentario más importante de esto, es que mi gran problema es pensar.
La energúmena, digo, ella se me acercó, se me puso casi encima y fue que comenzó el extraño diálogo.

Profesora: ¡¡Para quién iba eso, niñita pierfidá!!
Yo: Eem, quizo decir pérfida?…. Y no, no crea que era para usted!!!
Profesora: Ah, si? Entonces para quién? Para la vecina?
Yo: Bueno, no sé si su vecina da servicios extras en las noches…Si fuera así, podríamos decir que ras para ella…Así que todo bien, adiós mal entendido, dígale a su vecina que es una pícara
Profesora: ¿Me estás agarrando para el fideo?
Yo: Jamás la palanquearía! Lo juro
Profesora: Mira cabra shica insolente
-Fue cuando hizo un gesto extraño que no logré entender y me puse a cantinflear de nuevo-
Yo: Profe, perdón, quizás lo de puta no es tan terrible, porque a su edad yo podría pensar que es una señora menopáusica sin vida sexual activa, pero mis palabras, felizmente para usted, dicen lo contrario. Lo de huevona tampoco es tan terrible, podríamos tomarlo en el contexto de la RAE que vendría siendo “Amiga”. Si lo que le molestó fue lo de vieja, no crea que esas arrugas horribles que parecen un mapa en su cara y la hacen ver como gorila deteriorado irradian vejez. Usted es una señora tan jovial que…

Fue ahí cuando me interrumpió, me dio un agarrón en la parte trasera del cuello y fuimos a dar una linda vuelta donde el inspector general.
Los detalles se resumen en una hora de humillación sobreactuada a mi persona por rota, garabatera e insolente.
Para finalizar, no es menos señalar que al salir de la oficina con rabia y mi poca feminidad, pateé la puerta y grité “Puta los viejos hueones… Más encima gordos y enanos!!” pero aquí cambió la historia… La puerta era de vidrio y el grito se escuchó hasta la oficina del rector.

¿Cómo se llama la historia? Callada te ves más bonita (y depilada también). Mientras tanto seguiré buscando colegio.

12 Responses to “La picante más asumida del mundo (Sin dejar de ser ordinaria)”

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  1. 12
    flacaa Says:

    pides el 98.8 % de la comida
    les dejas el 2.2% …
    a ver, si sumamos.. 98.8
    + 2.2
    ohhh..!! 101.0
    solo ..sugerencia

  2. 11
    NATY Says:

    HOLA
    JAJAJJAA
    QUE CHISTOSOOO
    EN ESOS MOMENTOS ES CUANDO DEBES CAMBIAR Y QUEDARTE
    CALLADA PO TAMYY
    TE PASA POR LESA
    Y QUIEN ES LA PROFE??

    MUY BUENA TU HISTORIA
    AIOZ

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