En deuda con la pintura chilena
Fue un informe para la Universidad el que me obligó a visitar la muestra permanente del Museo de Bellas Artes. Hacía años que no presenciaba la colección de pintura nacional, y, lamentablemente, la visita tuvo de dulce y de agraz.
Si uso la palabra “obligó” no es porque no haya estado contenta de visitar el Museo de Bellas Artes, sino porque era una tarea que debía cumplir justo en una semana con mucho que hacer. El informe era bastante libre, pero sí debíamos visitar los salones de la muestra permanente de pintura nacional, lo que puede hacerse en el segundo piso (a mano izquierda) del museo.
La visita tuvo lugar un día domingo a las 10 am, lo que es un placer, ya que se está prácticamente solo en el museo, sin los típicos problemas que conllevan las multitudes en un recinto como ese: que alguien se pare delante del cuadro que uno está mirando o que uno dedique tiempo innecesario para observar las obras.
Las salas chilenas están organizadas temáticamente. Se parte por el Arte Colonial –dentro del cual también se pueden apreciar un par de obras contemporáneas, pero que hacen guiños al arte de aquella época- y luego se pueden ver temas como Desnudos y Paisajes, para concluir en una gran salón lleno de obras de Matta.
Con ese escueto párrafo se puede describir en qué consiste la colección nacional permanente del museo. Por supuesto que es una descripción superficial, pero también es cierto que la muestra se queda sólo a ese nivel, al de la superficie. Y por eso fue una visita de dulce y agraz, porque cuando uno se encuentra frente a un cuadro de Juan Francisco González, quiere ir más allá de la superficie, quiere profundizar, observar sus otros paisajes, tal vez compararlos con sus retratos, pintados en estilos completamente distintos a su técnica ligada al Impresionismo.
Pero eso es imposible, porque al lado de “Panorama de Santiago”, un melancólico óleo de pequeñas dimensiones, hay una obra gigantesca de Valenzuela Llanos y otra de Agustín Abarca. De hecho, ni siquiera de manera somera se puede uno formar una idea de cómo nuestros pintores han plasmado el paisaje nacional en sus telas.
Lo mismo sucede con los retratos y los desnudos. En general se puede ver un cuadro de cada artista y como mucho se pueden ver dos. La excepción es Roberto Matta. Su sala ya no responde al orden temático que se ha apreciado al comienzo, sino seguramente a un orden de “importancia”.
Matta es lejos uno de los pintores chilenos con mayor reconocimiento internacional. Y no es que Matta no merezca una sala para él solo, sino que se genera una deuda con otros exponentes, que merecen más que un par de obras para en la colección del museo.
Lamentablemente no es mucho lo que puede crecer el conocimiento sobre la pintura chilena de esa manera. Está claro que el museo no es el único responsable de esto, pero sí se trata de Museo Nacional de Bellas Artes y corresponde que podamos tener acceso a una contundente –en cantidad y calidad- muestra del arte chileno.
Sí debemos tener en cuenta que, aunque hermoso, el edificio que alberga al museo es pequeño. A la larga son escasas las salas que pueden acoger a la colección permanente, en particular si se considera que el museo tiene una nutrida agenda de exhibiciones especiales. De hecho, ese mismo día pude gozar de la excelente muestra “Dibujos españoles del Siglo XX”, que a lo largo de cuatro salones permitía justamente lo que la muestra nacional no: profundizar, ir más allá y no quedarse apenas con un gusto inacabado en la boca. Pero, si el espacio es limitado, entonces seriamente debería haberse pensado un Bicentenario con un nuevo y aumentado Museo Nacional de Bellas Artes que tenga una colección chilena permanente que permita profundizar y no quedarse en la superficie.
En muchas oportunidades he escuchado que la pintura chilena “no está a la altura” de la europea, por ejemplo. Pero el tema no es hacer un ranking de quién tiene “las pinturas más lindas” –si es que algo semejante pueda hacerse, en especial hoy en día en que tanto el valor de lo bello como de lo feo intervienen en la Estética- o de quién tiene las pinturas más valiosas, y con eso me refiero a las que se venden más caras en las subastas.
El tema es que la pintura nacional es parte de nuestra cultura, que su historia es interesantísima y que sí hay pintores excepcionales. La deuda está en cómo hacemos que sean conocidos por nosotros, que sepamos que existen los Pedro Lira tan bien como sabemos que existen los Van Gogh.
• Si quieres saber del Museo Nacional de Bellas Artes y sus exposiciones.
• Si están interesado en la pintura nacional, está también.
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• Las fotos publicadas corresponden a SXC.hu




Abril 10th, 2008 at 8:50 pm
Vaya que estas aprovechando el tema de la cultura en Chile para hacer críticas constructivas entorno al tema… me encanta leer tus artículos porque no sólo me meto en un tema que no domino para nada, sino que también la problemática que hay detrás de la cultura en Chile.
Súper aporte.
Abril 10th, 2008 at 8:53 pm
Me gusta mucho el Museo y su entorno, lástima que acá en Viña no tenga la misma relevancia el Bellas Arte, aunque sé que en la Quinta Vergara harán un Artequín. Creo que en la medida que se de a conocer el arte nacional en nuestro país tendremos una ciudadanía más culta e informada, por lo tanto también se verá reflejada en el momento de votar en una urna.
Abril 11th, 2008 at 1:26 pm
La pintura chilena es un tema pero también existe un pobreza, en la muestra permanente de pintura latino americana y extranjera en general, por ejemplo ir al Malva en B.A nos deja literalmente mirado para el lado; si no es por el caballo de Botero que está atrás en el MAC, no tendríamos na’ mucho
Gracias por el aporte
Saludos
Abril 11th, 2008 at 3:05 pm
El año pasado fui al Bellas Artes al Dia del Patrimonio Cultural, y encontré que la colección permanente es muy chica, que le falta espacio y más información sobre los pintores chilenos.
Saludos
Abril 11th, 2008 at 6:21 pm
Alida:
Me parece muy pertinente tu comentario. Estamos a años luz del Malba de Buenos Aires y para qué decir del Rijkmuseum de Amsterdam. Nos falta una macrovisión para poder otorgar una colección que esté a la altura de los grandes pinceles de nuestro país, que represente no sólo su calidad sino también sus procesos creativos. Y a su vez, con esto poder ofrecer un turismo cultural que dé cuenta de la historia pictórica chilena.
Abril 11th, 2008 at 10:25 pm
Se podría pensar ,que tener acceso a una visita es de elevado precio,pero las entradas están muy cercanas a los bolsillos,el pero radica en la difusión de la cultura y el gusto por ella.Faltan ganas e información para saborear y querer el arte.
Saludos
Abril 29th, 2008 at 5:32 pm
es fea