Federico Samsa®

Esto no tiene nombre

Mientras terminaba de corregir y aportaba las últimas frases a una columna titulada en ese momento “Vidal y los transversales” me encontré, como parece sólo me ocurre a mí, con la realidad dándome una más de las bofetada que me propina tantas veces al día ¿Lo grave? Me quedé sin columna y sin un nombre para la misma.
Era el domingo recién pasado, yo sentado en el banco de un parque acompañando a mi hija y un amigo de ella quienes jugaban en resbalines, columpios y balancines.

Apuntaba con afán en mi cuaderno circunstancias y hechos que deseaba resaltar del actuar último de la señora Bachelet y sus colaboradores, los colaboradores idos y los colaboradores regresados. Me parecía también necesario hacer notar el modo más que enérgico, amenazante (¿Aprendido de Lagos Escobar?), con el que entiende el señor Vidal se debe comunicar con sus empleadores, nosotros. También deseaba hacer resaltar que cuando él o la Concertación desprecia a los colaboradores de Pinochet, entenderá se incluye a su hermano mayor que fue alcalde de Pinochet (lo supe en la “brillante” interpelación). Que cuando la Concertación acusa a todos los de “la UDI” de no tener las manos limpias incluirá a su sobrina. Pensaba que aun muchos cerebros chilenos no comprenden, que la clase política es una casta familiar con ramificaciones en todos los “sectores políticos” lo que les asegura “políticamente” un buen pasar siempre, y para ejemplo, bueno… De todas formas me da temor Don Francisco (Vidal), que cuando se le piden explicaciones por sus actos, dichos y aseveraciones como funcionario público, pagado con dineros del Estado (no del Gobierno), se enoja y amenaza con “tirar encima” a los jueces. Pinochet amenazaba con los milicos y su policía de represión o como, les llama Belisario Velasco en “democracia“, los informantes.

Estaba en esto cuando ocurrió la bofetada.

En los mismos instantes que mi hija se divertía en los juegos con su amigo, merodeaba por allí un niño de unos 7 u 8 años, polera roja algo raida, pantalones negros y sandalias color oscuro, sucias y desabrochadas. Caminaba y braceaba vistosamente girando su cabeza en todas direcciones pero sin mirar nada.

No subía a ningún juego, solo dibujaba trayectorias circulares alrededor de columpios y resbalines ocupados por otros niños. Cuando encontraba un juego libre buscaba el lugar débil del artefacto para hacer fuerza contra la estructura metal-madera intentando derribarla o, supongo, al menos conseguir dañarla. Así deambuló por varios minutos durante los cuales no dejé de seguir curioso sus pasos. Hasta que llegó a un balancín que pudo, ejerciendo una fuerza de palanca, girar y soltarlo de su centro convirtiéndolo ahora sólo en un montón de metal y madera.

Miró en todas direcciones, no con miedo, con ojos escudriñadores y se alejó caminando apoyado en la cerca que definía el sector de los juegos infantiles.

Yo quedaba impactado, reconociendo que el tema de la columna que escribía, a la luz de los hechos de este niño en ese momento, dejaba de tener todo sentido. Lo urgente estaba (y aun está) allí, caminando sobre sandalias oscuras, sucias y desabrochadas.

Mientras intentaba, a partir de estos “nuevos” hechos, rearmar mi aporte a la conciencia nacional por medio de “El blues de Samsa”, mi hija y su amigo se habían cansado de jugar allí y corrían hacia donde me encontraba para exigir que camináramos a otro lugar del parque. Cerré mi cuaderno, guardé mi lápiz en el bolsillo del pantalón, me ponía de pie cuando aparece de la nada nuevamente el niño. Se apresuraba para asir por la cadena uno de los columpios que ocupaban antes mi hija y su amigo. Él allí se quedó, de pie, al lado del columpio viendo para todos lados. Pude apreciar mejor su rostro: pelo muy corto, casi castaño, tez morena (no por efecto del sol en la playa), muy delgado. No puedo asegurar que anduviese solo, pero en ningún momento estuvo cerca de alguien ni se dirigió a lugar específico alguno.

Después de unos 2 minutos, finalmente el niño subió al columpio. Yo debí partir, ante las insistencias de Ignacia y Fernando, a otro lugar del parque.

Caminé unos metros, volví mi vista atrás y el niño ya casi conseguía en una lucha frenética con el juego, hacerlo rotar en 360º. Volví mis ojos sobre mi hija y su amigo, para con un obligado trote, alcanzarlos.

¿Por qué relato esto? Porque entiendo que a estas alturas de la historia de la humanidad las sociedades olvidaron la razón de elegir ciudadanos para conducir regiones demarcadas e identificadas con banderas, pero esa mala memoria para mi es imposible: se eligen para evitar que muchos niños no tengan razones para jugar. Este niño en el parque definitivamente no jugaba, no se divertía.

Los chilenos debemos continuar sin descanso en las exigencias para que los humanos elegidos para organizar este país lo hagan en favor de todos (y en la medida de las posibilidades de su inteligencia, de la mejor forma), que no nos sigan robando (sean los más altos o los más bajos en la escala de sueldos fiscales) y nos informen de sus actos. Que aunque todo ello es su deber y también juraron o prometieron “beneficiar y no beneficiarse”, no lo están cumpliendo (por favor, que los políticos no continúen asegurando sólo el futuro de sus retoños de más de 30 años).

Este país no se arregla (porque está descompuesto) con justicia social, al menos no en una primera etapa, antes se debe acometer con justicia una labor de reparación en el hombre, así, como primera y primordial causa, se le restituye la dignidad robada.

10 Responses to “Esto no tiene nombre”

  1. 1
    SPARROW Says:

    Me gustó, aunque la verdad el mensaje final no me quedó muy claro. Mientras tanto, mientras “los elegidos para organizar este país” continúen sin hacer lo que deben, ¿que hacemos con el semilla de maldad que rompe los juegos infantiles?.

    El niño es otra víctima, así lo entiendo y comparto, pero puuchas que son odiosas las víctimas estas. Mi consejo es que aproveches de ir al parque ahora, aunque solo vayan quedando juegos rotos, en unos años más, el de sandalias oscuras “te hara de cogote”.

    Que triste, por el niño, por lo que simboliza y por la poca probabilidad de que esto cambie alguna vez.

    Saludos,

    SPARROW , el que quiere hacerse un blog y no sabe que escribir

  2. 2
    Ángela Says:

    ¿Dignidad ROBADA? perdida si, ausente también ¿pero robada? a no ser que sea por omisión, por no proporcionar por quien corresponde su desarrollo, su fortalecimiento, su valorización. ¿Por ahí va tu idea?

  3. 3
    lujuria Says:

    sólo puedo decir que conocí el año recién pasado, a muchos niños morenos con sandalias oscuras, sucias y desabrochadas…. muchos robaban por gusto, no por necesidad (q es igual q hacer daño físico)… muchos se dedicaban a ser “los malos de la pandilla”……, pero lo peor es que muchos no tenían nada más q esas sandalias oscuras y sucias…..

    ese niño si se divertía, él jugaba a la igualdad de condiciones “Yo no tengo, así que tú tampoco tendrás”….

    salu2

  4. 4
    lujuria Says:

    Hay q romper el pensamiento hegemónico y fatalista que gira en torno a esos niños….. se necesita una UTOPÍA y cómo dice Paulo Freire, se necesita una “propuesta de posibilidad”, de no conformismo y de que la realidad que ha sido, no será siempre así.

    debemos ser optimistas y pensar de que SI es posible transformar la realidad; la de ese niño y la de todos.

    salu2

  5. 5
    Jaime Ceresa® Says:

    Pta la wea..tuvieron que pasar cerca de 6 meses para que me escribieras dentro del Blues el 16 millones que siempre esperé de ti.

    Impactante lo que relatas, por lo real. Niños que ya se rigen por las normas de lo que estpa mal, porque no ven otra realidad cerca de sus narices, el relativismo los consumió, la sociedad se los comió.

    Se me viene a la cabeza esos niños que piden en la calle con las muy vacas de su madre comiendo sandía bajo un árbol en algún bandejón central o parque aledaño.

    Los que roban, teniendo apenas 5 años, y sus padres los esperan en la esquina porque vamos, no se puede hacer mucho cuando un cabro chico te mete la mano en el bolsillo, la humanidad se nos impone antes.

    O los que venden chicles , esquelas o cantan en las micros…siguen abundando, aun cuando existe el Transantiago.

    Mientras esos niños sean parte del paisaje, nadie, absolutamente nadie se podrá llenar la boca con que somos si quiera cercanos a ser en vías de desarrollo.

    Nuestra clase política se olvide de ellos, nosotros al votar por los huevones rancios de siempre somos peores, somos desleales con ellos.

    Gran artículo.-

  6. 6
    Roberto Iglesias Says:

    Que decepcionante lo que nos relatas, pero es una realidad que debemos asumir por muy positivos que debamos ser. Penoso por decirlo menos, comparto lo de Calvino en el sentido que “Nuestra clase política se olvide de ellos, nosotros al votar por los huevones rancios de siempre somos peores, somos desleales con ellos”…

    Felicitaciones me gusto tu texto.
    Saludos

  7. 7
    VeRo pAlmA Says:

    Estos bofetazos lo dejan a uno totalmente desesperanzado ya que las proyecciones a futuro no son auspiciosas para ese niño ni para los hijos que él pueda tener… Lamentablemente a la casta familiar en la política se le debe sumar la casta familiar en todos los grupos de poder, ¿Qué porcentaje de ciudadanos puede acceder a estos por méritos o capacidades?

    Saludos

  8. 8
    Sorfach Says:

    Hola:

    Vean como Farmacias Ahumada vulnera las reglamentaciones laborales y sanitarias en Chile:

    http://www.youtube.com/watch?v=KcbMlmn6Wnc

    http://www.youtube.com/watch?v=Sd19fcBwoLw

    http://www.youtube.com/watch?v=4Qf7BGe1-IQ

    http://www.youtube.com/watch?v=AipxGrsR5mg

    Sociedad de Resistencia de Farmacias de Chile

  9. 9
    Montserrat Nicolas Says:

    clapclapclapclap!
    lejos el mejor articulo del samsa!
    lejos.

    y a la *^%# los malditos funcionarios publicos que solo piensan en si mismos y en sus familias…

    mish.

    para qué?

    really?
    para qué?

    bests-

  10. 10
    emmita la huerfanita Says:

    bucha y yo me preguntaba por ud maestro… la verdad es que he acompañado a mi pequeño hijo y a su padre a jugar al parque varias veces y me he fijado en aquellos que ud describe con tanta exactitud, a mi me da rabia, me da rabia conmigo por ser tan indiferente a lo que sucede con aquellos que se sienten tan rotos que deben romper lo que está a la mano para tratar de igualarse con el resto, se sienten tan podridos, que deben podrir lo que está cerca de ellos, son niños y ya entienden el lenguaje de la mentira, del engaño de la maldad, en su inocencia creen ser como sus padres que se jactan de que nunca los pillan y hacen “weones”a cuanto incauto descubren en el camino hacia ninguna parte, sólo que los niños creen y aseguran que sus padres llegan a algun lado…

    estuvo lindo este articulo, pero me dio rabia…

    saludos

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