El año de la farándula
Cuando Joaquín Lavín irrumpió en la campaña presidencial del año 1999, los analistas destacaban la habilidad del candidato de forjar credibilidad a partir de golpes de efectos mediáticos, dejando de lado asuntos más relevantes como el programa político o las credenciales ideológico-partidarias. Quién te viera y quién te ve: cuántos políticos que execraban este nuevo estilo de baile han sido hoy absorbidos por la marea. Todos son más o menos Lavín modelo 1999. Y este año se quedó muy en claro.
El lanzamiento de Transantiago abrió la caja de Pandora de los males de nuestra cultura cívica. De la promoción de las políticas públicas, hemos sido testigos de la política para el público, las voces para la galucha. Así se han sucedido las interpelaciones, los invitados a las conclusiones investigadoras, las conferencias de prensa diarias de los papagayos de siempre, las respuestas igualmente burdas de La Moneda y el gran misterio (finalmente resuelto unos días atrás) de por qué Ricardo Lagos Escobar rechazaba testificar sobre el tema.
El festival de las granadas terminó con los diputados presentando sus informes paralelos, el aliancista y el concertacionista. Dado que Transantiago ha sido el muerto sobre el cual todos los buitres quieren su parte, cada informe se empeñaba en buscar mayor cantidad de (ir)responsables —no sea que nos traten de ocultistas, menos en algo tan malo— y al final el informe terminó siendo un listado de lo evidente.
Fragmento estándar: Fulano de Tal, jefe de la repartición de repartidos del Ministerio de la Papa Frita. No se enteró del informe que llegó en su escritorio el día 34 de noviembre. Pecó de ingenuo al no abrir el sobre cerrado del mencionado informe. Si lo hubiera hecho, le habría informado al jefe de su jefe respecto del descalabro de Transantiago. De esta manera, no pudo alertarse a tiempo a la secretaria de Belisario Velasco que el café del Ministro tenía azúcar en lugar de sacarina, lo cual podría haber influido en la decisión de iniciar o no el plan de transportes el pasado 10 de febrero.
Entre medio, el halcón aliancista Andrés Allamand compraba los petardos para anunciar su novedoso manifiesto de “desalojar” a la Concertación. En otras palabras, el senador propone orquestar toda una campaña de mobbing para torpedear el apropiado desempeño del oficialismo en el Gobierno. El momento epítome de esta doctrina fue la ruptura a última hora del acuerdo opositor de aprobar el proyecto de depreciación acelerada en el Senado.
Jorge Schaulsohn, mientras tanto, pide prestadas un par de páginas en El Mercurio y La Tercera para acusar “la ideología de la corrupción”. Ya nada importa en la Concertación, si roban o no roban. Han caído en una espiral de relativismo moral. He visto cómo roban y nuevamente hacen la vista gorda con la corrupción. Impunemente siguen estos ladrones rapazuelos. Pero a mí me marginan porque limito con el tráfico de influencias. Eso es i-na-cep-ta-ble. ¡Si con ese dinero financié la campaña del señor Girardi!
Y para terminar el año, Adolfo Zaldívar acude al Tribunal Supremo de la DC para reclamar que las escrituras de la casa de Alameda 1460 están a su nombre, razón por la cual no puede ser expulsado del partido. Como tiene propiedad sobre la sede partidaria, el parlamentario puede tomar decisiones inconsultas con la mesa directiva sin derecho a sanción, amparado en el derecho propio de “quien paga la orquesta, pone la música”.
Adolfo busca resucitar su apagado capital político copiando los pasos de Joaquín Lavín. Esclavo de los golpes de efectos mediáticos, de construir disensos a partir del resultado de la calculadora, convertir una alta traición en una batalla épica por la defensa del pueblo (poner risas aquí). No importa si representa mucho a su partido o si sus argumentos guardan cierta relación ideológica. Importa el impacto económico.
Esa tendencia de responder la faramalla con más faramalla puso de moda el “tongo”, la muletilla del año; forma despectiva de descalificar la frivolización de la política. Somos espectadores de la consolidación de las relaciones del poder según Patricio Navia, quien apenas ayer afirmó que “Alvear deberá clarificar dudas sobre su salud si desea mantenerse en carrera presidencial”, reduciendo las cualidades de un ideario programático político a un mero producto.
Este ha sido el año de la farándula. Si quieres tener éxito para liderar el país, la solución es simple: arma un “tongo”.



Diciembre 27th, 2007 at 3:35 pm
…y como lo han armados todos…te falto el tongo de la SVS que sancionó al inmoral de Piñera con una inmoralidad de la cual se ha salvado entre otros el otrora niño símbolo de Palacio Andrés Navarro.
Piñera respondió con otro tongo, el de la persecución política siendo que cual pecador, se debió haber quedado callado.-
Cuídate.-
P.D: “…el apropiado desempeño del oficialismo en el Gobierno”, eso si que sonó a Pato Navia, y eso que tu no te tomas chelas con Ministros en el Liguria como él.-
Diciembre 27th, 2007 at 7:27 pm
todo esto me recuerda que en Los Simpson, el payaso Krusty es Republicano
saludos