Bruno Córdova®

Zungas por bermudas

Me aburrí de la política de momento. Las polémicas siguen siendo las mismas: la Cámara de Diputados todavía está concluyendo el informe de a quién le pasamos la pelota por el tema Transantiago; continúa el alargue de la telenovela venezolana del colorín extraviado de partido y la nana institutriz que todavía no le da la frisca; el episodio Carlos Cantero revivió el sino valórico aliancista entre liberales y conservadores; Joaquín Lavín y Pablo Longueira entran en su nuevo intento de recomponer sus alicaídas imágenes, así Longueira busca hacerle un gallito a su nuevo enemigo favorito, el desalojador Andrés Allamand, con la táctica del buen colaborador.

Como no salga un nuevo caso de judicialización de la política (es decir, un político que cometió algún delito y por el mismo pierde su fuero parlamentario, se le somete a proceso y termina alojando a dos piezas de Claudio Spiniak), nuestra coyuntura política se estancará en los mismos asuntos de los últimos meses. Si busca novedad, ponte ya a pensar en marzo, tras el anunciado cambio de gabinete y la vuelta del receso parlamentario.

Esta columna se frivoliza temporalmente.

Un mes atrás comenzaron a publicarse los catálogos del vestuario estival de tu multitienda regalona. Por una parte, aparece la nueva serie de bikinis que tú caballero verás en las playas y piscinas de la entrante temporada, dado que por razones obvias no los mirarás con entusiasmo de probártelos.

Mientras tanto, la sección masculina promueve lo propio para el periodo, abundando la bermuda desde la rodilla hasta media canilla. Carecemos de alguna alternativa más atingente para el lucimiento de la semidesnudez en nuestro propio sexo. Y como hombres, hacemos cuenta que no importa. Machismo mediante inventamos la creencia de que solamente la mujer vale como razón de contemplación de sus formas.

(Si nosotros decidiéramos exhibirnos, lo haríamos para erotizar a otros hombres, razón de que semejantes atrevimientos se los relaciones inevitablemente con la homosexualidad. En efecto, hemos partido de una premisa obsoleta: la mujer está desprovista del placer y de las fantasías carnales.)

El firmante se ha aburrido de la dictadura de la bermuda que, tal como la temporada pasada, busca la hegemonía del panorama estival. La bermuda es de mezclilla para pasear. Evitar como sea posible una bermuda de tela de terno, pues se trata de una prenda adulto fome. En cuanto a las bermudas surfer-like, no se concibe que la misma prenda para la playa tenga la funcionalidad de ser una prenda para salir a cualquier otra parte.

No se necesitan calugas de gimnasio para querer enseñar la pierna completa y el contorno de los glúteos. Una zunga o un boxer no te hacen un sujeto más pedante ni una especie marciana. Puedes ser aceptablemente delgado y apostar por una. Como este servidor no habla de la boca para afuera, visitó Pelz y anduvo probándose algunas prendas.


De acuerdo a las vendedoras, lucía más que aceptable, a pesar de mis rodillas chuecas y mi —reitero— evidente falta de calugas.

Autorretrato contra un espejo. Todo un insight de la cultura Fotolog. Y aunque los Fotolog sean frívolos, muchas veces estén mal escritos y las imágenes estén firmadas con nicks en tipografía Scriptina, hoy por hoy cumplen una funcionalidad trend setter. Lástima que haya cerrado mi Fotolog.(Nota del redactor: Pelz queda en Irarrázaval 1816, Ñuñoa.)

21 Responses to “Zungas por bermudas”

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  1. 21
    Nina Says:

    Estoy completamente a favor de reivindicar las sungas, speedos, trajes de baño tipo boxers, etc. Las bermudas playeras son un retroceso en la moda, amén de los acomplejados que consiguieron con qué tapar sus miserias, cuando ya deberíamos estar todos desnudos en la playa. Antes a una mujer había que bajarle los calzones para verle el culo y ahora hay que abrirle las nalgas para encontrárselos. No sé a quién demonios se le ocurrió la idea de que los hombres deberían ir cada vez más vestidos a la playa?!

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