Alejandra Toro®

Mitos urbanos del cine

Historias que pasan de boca en boca y medio país ha escuchado, pero de las que nadie ha sido testigo directo: Que si te sientas en la butaca y sientes un pinchazo, es porque alguien dejó una jeringa con sangre infectada estratégicamente ubicada para contagiar a los incautos; que las cabritas (no vengamos con extranjerismos como popcorn) que sobran después de cada función, las reciclan, las calientan y las vuelven a vender.

Todo el mundo ha oído sobre esto en algún minuto, a todos nos ha llegado un mail en cadena advirtiéndonos los peligros anexos al séptimo arte.

Lo de la aguja siempre me ha parecido rebuscado, no sé si realmente alguien se habrá dado el trabajo de transportar una jeringa, esperar hasta que todo el público haya salido de la sala, los encargados hayan sacado la basura… todo para quedarse ahí instalando una aguja, cuidando por cierto que no lo vean los espectadores de la siguiente función… Ociosos hay en todas partes, pero esto ya es demasiado, suena a puro invento.

Lo de las mencionadas cabritas… es más factible. En algún momento pensé que podría ser cierto, porque nadie ve lo que pasa detrás de las confiterías (y hablando de eso, tampoco nadie sabe lo que ocurre detrás de las cocinas de los restaurantes). A fin de cuentas, el sabor de las cabritas siempre es el mismo.

Eso pensaba hasta que mi hermana trabajó un verano completo como boletera en una de esas cadenas de cine que hoy abundan en Santiago. Ahí tuve a una testigo de primera fuente que me contó que las cabritas que sobran las botan a la basura (menos mal) y nunca jamás vio una jeringa en ninguna parte.

Sí me enteré de datos freaks, como por ejemplo, que existe gente que deja olvidadas entre los asientos cosas de primera necesidad como la billetera o las llaves de la casa, y ni siquiera vuelven a preguntar si están allí, siendo que todos los cines tienen una sala especial para guardar los Objetos Perdidos.

Otra cosa llamativa es que hay mucha gente que sale en medio de la función para hablar por teléfono, ir al baño, comprar comida y vuelve a entrar media hora después como si nada, sin tener a nadie cerca para preguntarle qué pasó en ese rato con la trama de la película. Tampoco faltan las parejas que se sientan en lo oscuro y no miran precisamente la pantalla grande…

También supe que teniendo a un familiar trabajando ahí, el café sale a mitad de precio y a veces se puede entrar gratis a ver películas que no tienen tanta demanda. Parece que todas las cosas tienen su lado positivo.

15 Responses to “Mitos urbanos del cine”

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  1. 15
    jai Says:

    jjajja ke rancio lo de la pizza escupida xd

  2. 14
    bellota_b Says:

    Ni idea de la jeringa….y las cabritas puede ser factible .Pero yo tengo una nota sabrosa…un pololo de una amiga, trabajaba en las pizzas Hut,y tubo que atender a una cuica tan pesá! Que lo divulgó en la cocina y los que ponen los ingredientes a las masas, no hallaron nada mejor que escupir el pedido. Me quería morir cuando oí eso …que asco…desde ese día soy un amor cuando hago nu pedido jojojojojo

    Cariñussss !!!

  3. 13
    Daniel Says:

    Yo me quedo con la ventaja de ir gratis a ver ciertas peliculas, si tienes a un conocido trabajando en el cine, jeje.
    Saludos

  4. 12
    Martín Bolívar Says:

    Hay mucha leyenda urbana suelta que se desparrama en correos electrónico en forma de cadenas que suelen tener spam. ¡Cuidado con los e-mails más que con ir al cine!…

  5. 11
    Cheshire Says:

    Juas, además la joda pa grande poner la aguja apuntando en la dirección correcta… o no?

    en fin….

    Saludos!!:D
    JCM

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