Bruno Córdova®

Carlos Cantero vs. Adolfo Zaldívar

El pasado domingo 3, el senador Carlos Cantero aseguraba a La Nación que no se cambiaría de sector porque “les hace falta un huevón que les hinche las pelotas todos los días”. No bien pasaron dos semanas y Cantero declaró su independencia, renunciando a Renovación Nacional, partido del que fue incluso vicepresidente, harto de las maneras “elitistas y poco fraternas” de la colectividad.

La convivencia interna se ha deteriorado a niveles que la constituyen un desagrado, además de observar un marcado relativismo ético en la forma como se gestiona la política en cierta dirigencia de RN”, expresó el parlamentario en su comunicado de renuncia, el sábado último.

Cantero ya acumulaba pequeños malestares por las posturas de la dirigencia partidaria. En otras palabras, al pobre senador antofagastino se hacía difícil la convivencia con la mojigatería de sujetos pechoños como Carlos Larraín y especies vendedoras de humo como Nicolás Mönckeberg.

Al tiempo que Cantero oficializaba su renuncia, Renovación Nacional celebraba consejo general. La liberal remilgada Lily Pérez aprovechó de garantizar que en su partido cabían todos. En efecto, caben todos, pero si eres “valóricamente liberal”, aguántate sentirte minoritario frente a la hegemonía cartucha. Abstente de sentirte muy orgulloso de las oleadas openminded. Al final del día, el poder está de la otra esquina. Si no, pregúntenle a Andrés Allamand.

Mientras el parlamentario nortino decidió desligarse de una organización con la cual se sentía cada vez menos identificado, su homólogo por Aysén, Adolfo Zaldívar —cuyo ego ya no cabe en el marco de la puerta— deposita todas sus fuerzas en torcerle la mano a su destino: con su línea adicta vuelta minoría en la Democracia Cristiana, se torea al oficialismo en las decisiones claves para el gobierno de Michelle Bachelet en afanes de conseguir notoriedad como el niño de la rabieta.

El último episodio fue su voto —en alineación con la derecha y el gurú de las nuevas tecnologías Fernando Flores— contra los nuevos recursos para el Transantiago, pacto cocinado en la casa de Hernán Larraín y que contó con la presencia del gran actor Jorge Schaulsohn en el papel del ministro de fe. Todos unidos por negar las inyecciones de dinero a un proyecto que lo necesita con urgencia. (Declarar que negar los fondos para Transantiago vale la pena equivale a decirle a un niño obeso que su peso será normal si no come por dos meses: a los diez días se muere.)

Soledad Alvear quiere sacarlo del partido. Ya no soporta el jueguito de poder del autoproclamado portavoz de la clase media, el so called hombre que va a luchar contra la corrupción: una sarta de huevadas, por cierto. Sólo un esquizofrénico podría aunar los intereses de la clase media con su lobby interesado (¿qué pasaría si dijera Eperva?). Sólo un esquizofrénico podría atacar la corrupción con la maquinita que le engrasaron un tal Juan Michel y otro tal Juan Negrete, este último alguna vez vecino de quien les escribe.

Adolfo acusa una persecución en su contra por ser consecuente con sus ideas. Insiste en permanecer en la DC a pesar de estar a tres pasos del veto. Se apoya en su abogado para presentar un recurso legal en cuanto lo expulsen, arguyendo la ilegalidad de la sanción.

A fin de cuentas, ¿de qué le sirve al colorín continuar en un partido que ya no lo respeta? Para masturbarse todas las noches con su fantasía de decirles a sus correligionarios “yo soy mejor que ustedes”, un día imaginario donde ocupa un escaño senatorial con mayor cantidad de electores, donde dirige la DC con una mayoría transversal, donde tiene una opción presidencial con respaldo popular, donde se convirtió en reserva moral de la Concertación.

Perdió todas sus luchas y ahora le van a quitar su militancia, su leyenda épica en las lides de la Historia. El sueño de su vida se deshace en el otoño de sus días. Su ego lo inhibe de reconocer su derrota. No tiene valor para empezar de nuevo. El colorín no se podría reflejar en Cantero.

One Response to “Carlos Cantero vs. Adolfo Zaldívar”

  1. 1
    Jaime Ceresa® Says:

    Mira, bien por Cantero, me parecen súper atendibles sus razones…ahora me preocupa tu visión de Zaldívar.

    1.- La lealtad está hacia quien le financio la campaña, el programa, le dio el voto y le paga el sueldo..ese no es la colación, ni su partido…es más, me dan literalmente ganas de vomitar cuando escucho ese argumento, porque siento que en alguna parte nos olvidamos del contrato social, y prostituimos nuestros ideales en pos de una cuota más de poder.

    2.- Sobre el dinero del Transantiago, comparto que es muy necesario, pero más necesario es poder tener un plan de acción serio, algo que hasta la tapa que se hizo no existía, ya que el dinero iba sólo en virtud de mantener en pie un sistema quebrado.
    Entonces cual es la idea acá…seguir parchando la cañería para que gotee menos? o de frentón cambiar la cañería?
    Lamentablemente la política chilena se basa en puros parches de cañería, y nadie piensa en como dar soluciones de fondo a problemáticas profundas donde el Transantiago para sorpresa de todos es la nada misma.

    Si concuerdo en algo…Zaldivar es muy cara dura para hablar de corrupción, siendo que fueron sus delfines quienes entre otras cosas saquearon Chiledeportes para financiar campañas de sus cumpipas en aquella época cuando no existía Ley de Financiamiento electoral.

    Cuídate.-

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