El Nuevo Contrato Social: Transantiago y los vicios de la Concertación
Mil pesos, hoy por hoy, alcanzan para pagar algo más que un kilo de pan, y algo menos que dos litros de bencina. Quién hubiera pensado que mientas ese invento anacrónico que los economistas llaman “canasta familiar” encarece, caería al suelo el costo de un ítem que, para la dueña de esta gran casa llamada Chile, debería ser prioritario: el transporte.
Aún no se excite: este desplome de precios no se va a notar en su balance de fin de mes, sino que es sólo una estimación de mal gusto que ciertos parlamentarios han hecho de los costos de un nuevo año de Transantiago, el bodrio que ha sido nuestro comidillo capitalino en los últimos nueve meses.
Dado el hecho de que vivimos en un país centrífugo, medios incluidos, en el noticiero de las nueve sólo hablan de lo negro que se ve el futuro del transporte santiaguino, obviando el hecho de que existen (¡Sí, existen!) otros diez millones de chilenos hartos del tema, que día a día tienen que pelear con un transporte que dista, tanto por su excesivo precio como por su relativa mala calidad, del que la capital “disfruta“. Transantiago, entonces, viene a ser el fetiche de la prensa y de los políticos. Sus portadas y declaraciones cruzadas -“honorables” señores, sépanlo- nos tienen curados de espanto.
De todas formas éste es el tema que nos convoca, mas no directamente. Gracias a este plan, concebido por su santidad Ricardo I, Corazón de León, hemos podido descubrir dos cosas importantes que hace tiempo estaban ocultas.
La primera: que la Concertación no es más que un grupo de hienas tratando de hacer carroña de las otras, y que su supuesta comunión de criterios (en desmedro de una conveniente inhibición de los temas espinosos) se ve en seria amenaza ante la desaparición del elemento cohesor, el enemigo en común. Quizás otro factor aglutinante viene a ser el aferramiento patológico a La Moneda, pero eso es vacuno de otro matadero. Cada vez que aparece un elemento que hace temblar los cimientos de la coalición del arcoíris, el tirar la cuerda que se produce entre los dos, tres, cuatro bandos en disputa se hace evidente. No pasa piola, lo hacen notar. Es lo que en ecología de las comunidades se llama mutualismo obligado o simbiosis.
El otro punto que hoy se hace recurrente es derivado de esta relación comunitaria. Por el hecho de haber sido registrados en un mismo pacto político y aparecer en la gráfica de campaña junto al mismo personaje de reconocimiento nacional, se crea una especie de “acuerdo de honor“, por el que los suscritos deben jurarse amor eterno olvidando que, finalmente, ellos pueden posar su humanidad sobre los cómodos sitiales del Congreso gracias a la masa engañada, desdeñada, reducida y ultrajada: los electores.
Masa que, por supuesto, no gravita mayormente en las decisiones excelsas que se dignan a tomar. Hoy se arma la casa de remolienda porque el Gobierno, incapaz de mantener a raya a sus propios corderos, no junta bajo su alero las divergentes opiniones de sus díscolos parlamentarios. ¡Transantiago se quedó con luca con votos de la misma Concertación! En vez de preocuparse por los ciudadanos (cierto, lo olvidé, 2007 no es año electoral), la pugna interna tiende a crucificar a quienes osaron desmarcarse del voto del bloque. ¿La lealtad con quién?
Más allá del hecho de que el plan de transportes de la capital sea un fiasco (digámoslo: un fiasco al que conviene denostar, bancada que sea), nadie se ha preocupado de buscar soluciones serias al asunto. El conflicto no va a terminar volviendo al sistema amarillo, ni forzando la renuncia de todos los ministros de Transportes desde aquí al bicentenario. Tampoco va a pasar recurriendo a los lagrimones de mentira, rogando devolver la dignidad a “seis millones de chilenos” (para atenuar la excesiva preocupación por Santiago, y no por las regiones). ¿Con qué tiempo lo harían, si están dedicando sus esfuerzos al descuere intestino por la desobediencia a los designios del Gran Hermano?
Obviamente, ciegos por sus propios intereses, los políticos nacionales han puesto la fidelidad en sus pares y no en quienes permiten que esos pares existan. Aquí el Contrato Social fue rescindido por desfavorable, y fue reemplazado por un marco de cooperación interno, un nuevo contrato social, etéreo como los flujos anímicos de una maquinaria que de fiel y consciente poco le queda.
Y no es que el análisis sea válido sólo para la coalición de Gobierno. Lo que ocurre es que la Alianza, psicótica por probarse la banda presidencial, tiene motivos para calmar sus rugidos. Por conveniencia, de nuevo. ¿Cuál será el día que se percaten que están haciendo el loco? El mismo en que quienes se dedican a bajar los porcentajes de aprobación vía encuestas telefónicas reflejen su crítica posición ante las urnas. En una de esas, estos ciegos maleducados hagan un mea culpa. En una de esas simplemente no.



Noviembre 28th, 2007 at 2:39 pm
Es lamentable que todos estemos tan apestados con el Transantiago y lo peor es que es el nuevo “caballito de batalla” de los partidos políticos; las violaciones a los DDHH pasaron de moda y conviene mantener vigente esta estupidez de transporte público.
Saludos
Noviembre 28th, 2007 at 4:17 pm
El tema de las lealtades es como bien fuerte…yo todavía me pregunto en parte con quien están quienes contratamos para que nos rijan…y peor aun, porque tamaño desinterés por exigir nos rijan como la gente.-
Cuídate.-
Noviembre 28th, 2007 at 6:58 pm
Los políticos chilenos simplemente se están mostrando en forma verdadera, capaces de hacer cualquier cosa por ganar poder en las luchas internas de cada partido. Por esto a votar nulo el 2009.
Saludos
Noviembre 28th, 2007 at 7:26 pm
nuevamente gracias al transantiago los habitantes del norte seguirán viviendo en casas derruidas en ciudades contaminadas, seguirán habiendo miles de problemas en regiones, pero que importa, solo importan los capitalinos y sus problemas de buses, el resto del país importa un carajo, siempre los capitalinos son mas importantes, los demás, habitantes de segunda categoría
saludos
Noviembre 28th, 2007 at 8:41 pm
UHF, el transantiago desnudo lo que realmente es la política de este país, centralista hasta morir, coimero, envidioso ( los que no lucraron con esto y se dedican a las piedras en el camino) y carroñeros e ineficientes planificadores, todo ello por los pitutos y favores de partido.
Saludos.
Noviembre 29th, 2007 at 10:06 am
No solo en transantiago tiene toda la atenciòn politica en él, para variar solamente, se siguen dejando de lado los problemas regionales del resto del país - no lo sabrè yo que soy de Punta Arenas - sino que tambien: mató al orgullo de Chile, el Metro, estresò más aún a la población santiaguina que ya tenia suficientes problemas de salud, pobreza y educación en las espaldas y aquí viene lo más terrible, abrió una gran grieta en el orgullo de la personas, es ahi donde quedó la embarrada, porque ahora nadie que hacer para repararla.
Saludos!
Noviembre 29th, 2007 at 10:59 am
El único problema es que un porcentaje importante de los 10 millones de “otros chilenos” vienen generalmente a la capital en periodos del año a buscar empleo, vacacionar o simplemente hacer algunas cosas determinadas, a lo que el Gobierno Central tiene que darles lo mejor, sin dudas, por ese motivo es la necesidad de darle más plata al Transantiago, que si lo ves minuciosamente, todo lo pedido mensualmente ni llega a los talones con lo invertido en las autopistas urbanas de la capital, además de tener una ciudad cada día menos planificada, con más semáforos en calles que nada que ver, gente que no está conforme con recorridos cortos ni tampoco largos…
Transantiago ha sido la piedra en el tope para todos, no solo en un proceso lento de adaptación, si no también en comprender que las cosas a la rápida y a corto plazo nunca han funcionado debidamente, salvo que sea hacerse un pan con queso y jamón.
kurotashiO!