Clichés de lo shileno

Tenemos malditas manías. Casi compulsivas, a veces trastornadas y perturbadoras. No, no somos unos locos por el mundo, pero de que tenemos mañas, eso señores, no se puede negar.
Eso de ocupar el pelo como “limpiadientes” es bien feo, más aún cuando va acompañado con un sonido succionador de muelas para sacar los alimentos de nuestra boca.
Decir “Juntémonos a las seis para llegar a las seis un cuarto” ¿Porqué no podemos llegar a la hora? ¿Cuál es el gusto de hacernos esperar? Para eso muchos adelantan o atrasan el reloj cinco minutos, como si el tiempo y espacio fuera a cambiar. Y eso no es todo…de hecho es lo de menos.
Los autos que pasean por las calles de Santiago o son blancos o grises. Yo no sé si las empresas automovilísticas nos perciben tan fomeques que no traen más gama de colores, o simplemente los pobres se quedan con una gran cantidad guardados porque como shilenos no elegimos cosas más osadas. Lo mismo con la ropa de mall o grandes tiendas, yo creo que es un plan de gobierno para mantenernos a todos uniformados, vistiéndonos iguales y lo peor, es salir y darte cuenta que 985379487534 (infinito) chicas más andan con tu misma chaqueta. Y uno trata de hacerla piola, pero salta la chica en cuestión y te dice feliz “¡Tenemos la misma chaqueta!”
Hablamos de la “chofita“, “la conchita“, “la cosita“, “la pussy“, “el pirulín“, “la pirulita“, o “lo de abajo” para referirnos a la vagina y el pene, como si con diminutivos suavizáramos algo que queremos ocupar todo el día (ella la ninfómana). Pero hablando en serio, somos cursis para hablar, siempre con eufemismos y diminutivos ridículos, mientras al rato descueramos sin piedad a la vecina o compañero, como si eso no fuera feo. Además, con una escasez de lenguaje que decimos cosas indescifrables como “tráeme la cosa que está en el este de la cuestión encima de la esta, please” Estamos claritos….
Ni las leyes se ponen de acuerdo. Ponen restricciones para vender alcohol hasta cierta hora, y luego nos subimos a un metro tapizado con publicidad de cerveza ¡¿cómo no nos va a dar sed?! . Si vemos un letrero que dice “No tocar” lo primero que haces es… ¡Tocarlo!. Acompañado con un “ahh que boniiito“, lo dejas en su lugar y no compras nada.
El “se mira pero no se toca” está ausente de todo entendimiento shilenístico.
Somos una mezcla de sacrificio y flojera. Así como muchos se levantan a las 5 de la mañana para llegar a su trabajo (iba a poner a las 6, pero con esto del Transantiago, cambió la cosa), muchos no son capaces de ir al baño porque “me da flojera“, o sea, preferimos morir meados a pararnos. Si el control remoto está lejos, ni pensar en pararse a buscarlo, así que optamos por ver lo que haya en la tele aunque sea la saga completa de Teleduc.
Mentirosos en ciertas circunstancias. Somos capaces de matar a la abuela, enfermar a la hija e incluso armar un guión trágico digno de un Oscar. Los certificados médicos falsos están a la orden del día y desde chicos algunos aprendieron a imitar firmas de sus papás o copiar en las pruebas. ¿Y esto porqué lo hacemos? Porque no nos gusta perder, estar equivocados y como sea salvamos nuestro pellejo, si nos sale bien el plan, disfrutamos como niños de haber engañado. Que tiernos somos.
Por otro lado, somos buenos para la talla rápida, el chiste al tiro y sin filtro. Pero también están los graves, los que en una fiesta se ponen a hablar de lo negro del mundo o la inmortalidad del cangrejo. Existencialistas en los momentos más inoportunos. Les tiras un chiste y se enojan, te dicen que cómo te ríes de eso, nada les parece chistoso, sólo lo que ellos dicen (que la mayoría de las veces son tallas más fomes que chupar clavos).
Por otro lado, somos mojigatos en público y califas en privado. Lascivos, húmedos, voyeristas y exhibicionistas. Mirones de potos y tetas, buenos para hablar en doble sentido y calentones de sopa. Muchas veces demasiado ruido y pocas nueces.
Con una piedra en el pecho nos daremos en esta próxima Teletón, para luego hacernos los dormidos en la micro para no dar el asiento. Expertos en automedicarnos, malos para ir al doctor con la excusa de que es caro, pero después, sin ningún remordimiento nos compramos un plasma para pagarlo en cómodas 34 cuotas, lo que a largo plazo nos hace pagar el doble. Deporte nacional de las madres de Chile es llegar a fin de mes con calculadora en mano sacando cuentas. Por eso a las mujeres cuando son chicas les encanta jugar a la secretaria imitando a la mamá contadora.
Estas características en su mayoría son clichés. No son determinantes de nuestra sociedad, no es excusa para decir “es lo que hay” y pensar que por eso somos tan choros. Pero no por eso vamos a hablar siempre de lo bonito y lo felices que estamos. No por eso vamos a negar lo cambiantes que nos comportamos al estar casi todo el año diciendo que somos como las pelotas, para que luego llegue septiembre y gozar casi esquizofrénicamente nuestra “chilenidad“. No para evitar herir egos vamos a obviar algunas características pencas que tenemos porque algunos postulan que “el lenguaje genera realidades” y que al leer esto nos vamos a opacar. ¿No podemos tan sólo reírnos un poco de nosotros mismos?



Noviembre 21st, 2007 at 8:51 am
Yo me reí harto fíjate, siempre me río de mi misma… mentira…
Me dio risa aquello de lo de no querer pararse para ir al baño por flojera, por que me pasa amenudo. Hasta que me empiezan a doler los riñones… ahí me paro…
Con lo de el control remoto, en mi casa siempre se pierde y somos 3 mujeres flojas, así que somos capaces de mamarnos la saga del teleduc. Total, yo digo que la función de la televisión abierta no es entretener, por que no entrentiene a menos que tengas suerte. La función de la televisión hoy en día es principalmente anticonceptiva y para meter ruido. [a veces a modo de somnífero]
Y sobre lo primero, los horarios… Yo soy mega puntual, ahí si que nada que decir, pero lamentablemente mis amigas no, y por eso tengo que decir: juntémonos a las 6 para que lleguí a las 7… pero LEY DE MURPHY, la que rige mi vida, dice: si le dices a tu amiga que se junten a las 6 para que llegue a las 7, llegará a las 6 en punto, pero tú… nunca recordarás esta ley y llegarás a las 7.
Ale.-
Noviembre 20th, 2007 at 9:33 pm
Me gustaría patearle el pubis al/la que le puso “conchita” a la vagina ¬¬
Noviembre 20th, 2007 at 4:20 pm
Soy impuntual a todo evento, excepto en asuntos de trabajo.
No siento culpa al admitir que soy (ad)mirador de potos y tetas. El detalle está en ser discreto, ya que una cosa es mirar y otra es jotear.
Lo de los colores creo que no es tan cierto. Eso sí, en Santiago exageran con el gris, el negro y el blanco.
Lo que me emputece es el asunto de los eufemismos ¿por qué rexuxa no se nombran las cosas, sino que siempre se recurre al diminutivo o al eufemismo?
Saludos.