Michelle Bachelet; Aspirando a Estadista
La visión de futuro de los líderes estadistas han podido conformar a las grandes naciones. Estadistas que lograron delinear proyectos hace un futuro varias leguas más allá del tiempo presente.
La capacidad de previsión de estos notables personajes han sido el vehículo conductor de novedades tecnológicas, económicas, políticas y sociales.
Sin embargo, los proyectos visionarios del gobernante que aspira a estadista limitan con la tolerancia de los pueblos, con el “no se me para la raja”, con la ley del mínimo esfuerzo, con las protestas de quienes se sienten desplazados por las pequeñas revoluciones, con el oportunismo político y los cálculos cortoplacistas.
Los gobernantes disponen de un campo de maniobra con la dimensión de un elástico: puede ir tan lejos como no se corte la banda.
(Antes de cualquier controversia potencial, establezco el siguiente paréntesis para dejar en claro que Augusto Pinochet no fue estadista.
Los pueblos deben estar en comunión con sus líderes para poder llevar a cabo los procesos de cambio, lo cual no puede determinarse en una dictadura cuyas decisiones responden a golpes de pistola. La única elección que evaluó ciertamente a Pinochet se llevó a cabo en 1988 y la perdió.
Aclarado este punto, seguimos.)
Se puede ser estadista subsanando las urgencias apremiantes; promulgando leyes sobre temas evidentemente necesarios, pero previa depuración de las controversias (léase “eliminar los puntos agudos de los proyectos originales de ley”) con la oposición; construyendo las obras públicas que urgen a los demandantes y promoviendo la inserción del país en el exterior mediante convenios económicos entre países, además de tratados políticos internacionales.
Desde luego, quien lleve a cabo un programa como el señalado lograrán un mandato exitoso.
Sin ir más lejos, Ricardo Lagos hizo todo lo anterior y se fue de La Moneda con un 75% de popularidad, aunque preso de la doctrina Aylwin, obrando “en la medida de lo posible”.
Hoy por hoy, dos líderes europeos —adversarios en lo ideológico— hacen noticia por la audacia con la que gobiernan: el derechista francés Nicolás Sarkozy y el izquierdista español José Luis Rodríguez Zapatero.
Ambos han usado la confianza de las mayorías que los eligieron, anunciando y llevando a la práctica programas revolucionarios, sin empacharse, sin mayor cuidado a lesionar las susceptibilidades de los grupos de intereses contendientes.
Por una parte, Sarkozy hace noticia con el anuncio de hacerle cirugía mayor al prestigioso Estado de Bienestar local.
Para el francés, “el sistema no es sostenible financieramente, desmotiva al trabajador y no asegura la igualdad de oportunidades”.
Asimismo, el presidente galo ha propuesto medidas para combatir las oleadas inmigratorias.
A pesar de la resistencia de los sectores izquierdistas, Sarkozy se apoya en la aprobación popular y en la mayoría parlamentaria con la que goza.
En la otra vereda, Rodríguez Zapatero ha tomado su popularidad y su mayoría parlamentaria para llevar a cabo medidas que han amenazado el poder de influencia de Iglesia Católica, fundamental también para el poder de la oposición en el Partido Popular.
Así como en su momento fue la aprobación del matrimonio homosexual, ahora el hispano hace noticia con su propósito de eliminar la asignatura de Religión en las escuelas públicas y reemplazarla por la asignatura “Educación para la Ciudadanía”, a fin de enseñar asuntos cívicos como la ecología, la igualdad de género, la sexualidad y los derechos humanos, sin preocuparse mayormente de las aprensiones conservadoras.
¿Y qué ha pasado ahora en Chile con Michelle Bachelet? No mucho.
Aunque ha tenido anuncios visionarios, éstos se han estancado y menguado. Además, proyectos los cuales pueden provocarle cierta adhesión personal han sido de suyo descartados por temor a las susceptibilidades de la Concertación misma —el ejemplo más claro ha sido su renuencia a apoyar los proyectos de aborto terapéutico—.
En algún momento, Bachelet intentó estirar el elástico de su apoyo popular, pero una Concertación timorata con parlamentarios deseosos por firmar la independencia, una Alianza desatada y grupos de poder encelados la hicieron volver al origen de la banda. Y el elástico se había guateado.
Quedaron resentidas las confianzas y los espíritus truncos. Al final del día, Bachelet se ha vuelto subordinada del arbitrio de los grupos de poder circundantes.
En lugar de la audacia que alguna vez tuvo para imponer su visión de futuro, la Presidenta ha elegido construir diques para prevenir los ataques de sus (aun depurados) anuncios.
¿Dónde están los presidentes de partido y la bancada concertacionista para darle sustento al programa presidencial?
Están en otra parte, buscando la carrera de otras personas menos arrojadas.
Al menos en la Concertación, todavía falta tiempo para ponerle piso a las voluntades de un aspirante a estadista.



Septiembre 20th, 2007 at 12:49 pm
Yo pienso que hay un círculo.
La élite política genera anticuerpos contra el “nuevo estilo de mando”, y usan su poder mediático para desparramar caca. La gente en su casa ve las noticias y, olvidadiza que es, repite el mismo discurso sin procesarlo. Sin apoyo popular a iniciativas gubernamentales, los mismos políticos pueden hablar de las “prioridades del ” (que no son más que las propias) muy livianamente. Así, las ieeas no proliferan, y “los elegidos”, los políticos de ceño fruncido, tiene, más argumentos para pelar.
Septiembre 24th, 2007 at 1:52 pm
A mi presidenta no le da ni pa´ estatista. En el caso que se encuentre en Chile, porque al parecer la unica manera de “Blindarla” cmo tanto quieren sus asesores es mandarla pa´ fuera y que se la pase viajando, donde? No importa, lo importante es que este fuera de Chile. Y como cuando esta en Chile no se nota, cuando se va da lo mismo.