Un día de verano

Me llamó profundamente la atención, poseía mucho de femineidad y gran atractivo exhibiéndolo a pleno sol.
Para mi fue un amor platónico a primera vista. Ella se veía tal como la recuerdo a través de esta fotografía. Era la única bañista atractiva en una playa de muchos niños jugando por todos lados, la única entre otras tantas bellas veraneantes.
En el momento de la fotografía recién se me hizo presente que mi preferencia por algún tipo de mujer no tiene que ver con ningún canon físico impuesto por el tamaño de las prendas que se venden en el comercio. Tiene estricta y directa relación con la plenitud en femineidad y el sano y muy necesario desenfado ante la sociedad y cultura imperante.
Es definitivamente mucho más importante estar enamorado de una mujer que ser acompañando por una belleza que basa su vida en una dieta y las telas que cuelgan de sus hombros y caderas.
Son tantas las niñas que han muerto intentando alcanzar una meta que no existe. Son tantas más las que sufren en silencio por una felicidad que no se encuentra al final del camino que emprendieron.
Nada más maravilloso para un hombre que encontrar una mujer en todo el esplendor de condición de hembra, de ser humano y de mujer, verdadera mujer.
Nada más hermoso que una mujer sin necesidad de afirmar su felicidad en una dieta, o en lo contrario, un relleno.
No hago una alegoría a los kilos demás, que siendo demás, son innecesarios y representan un perjuicio para la salud de cualquier ser humano, pero la preocupación por una “dieta de embellecimiento” las más de las veces se convierte en el absurdo motivo central de una vida.
En lo que a mi respecta, una verdadera mujer, una verdadera fémina siempre me conquistará sólo con su paso seguro de mujer y estoy seguro que esa mujer, exclusivamente esa mujer, sin necesidad de un caballeroso piropo sabe que la admiro.




Marzo 21st, 2007 at 12:19 pm
Lindo post. Yo tengo que ponerme en engorda cada cierto tiempo y no es que no coma.Lo importante es sentirse bien con un mismo.
saludos
erika