Raúl Pérez®

Yo vengo del campo a vivir a la ciudad

cronicas_mechonas02
Bitácora del Mechón, dí­a uno.
5 de marzo del 2007:

Hoy amanecí­ temprano. Más que de costumbre. El verano tocó a su fin, y además era un dí­a especial: el primero del resto de mi vida.

Iba como un pollito más, entre otros seiscientos, entrando a esa intimidante mole gigante que es la Facultad de Medicina. Sí­, medicina.

Siete años de mala suerte, y eso que no he quebrado un sólo espejo, ni bajo ninguna escalera. Ni un gatito negro más que sea. Nada de eso, estoy aquí­ por decisión propia.

Soy Mechón, con todas sus letras, y de refregárnoslo por la cara se han encargado los de segundo año. Estoy seguro que quieren desquitarse con nosotros por lo que a ellos les hicieron el año pasado, y eso no es muy buen signo. Tengo miedo, pero en realidad no tanto. Igual tení­a pensado raparme.

No sólo el mechoneo. También pasa que, a pesar de haber vivido toda mi vida en San Felipe, una ciudad cercana a Santiago, es el tremendo porrazo cuando uno llega a habitar a la ciudad. Imagí­nense los santiaguinos aprendiéndose el mapa gigante de hartos colores. Ahora imagí­nense a uno, campestre como uno, aventajado como uno, pero pollo como uno.

Igual eso no es tan complicado. Y uno que no entiende hacia dónde va a la micro se complica cantidad cuando llega desde un pueblo (pretenciosamente llamado ciudad), que apenas tiene cuatro recorridos completados por esas monstruosidades que Santiago y Valparaí­so desecharon hace años. Por lo menos tienen frecuencia estable.

De vuelta. Con el tema del mechoneo me han dado harto últimamente. ¿Nadar en una piscina con desechos orgánicos animales (pasados como restos humanos, tal gato por liebre)?

Sí­, es posibilidad. Yo que pensé que poco menos vendrí­an varios embatados de blanco a darme la mano y regalarme un bisturí­, diciendo “Bienvenido a Independencia, es usted mechón, ábrase paso como pueda, mire que en cinco minutos más entra a práctico de Anatomí­a“.

Y bueno, como toda cosa en este planeta, debe empezar. Este viernes recién pasado nos recibieron, sin bombos ni platillos, pero conocimos a buena parte del contingente a odiar durante este año, como también a la concurrencia femenina (nada despreciable, por lo menos el 60% de los 170 nuevos médicos que ingresamos). Aquí­ debo decir que el segundo año nos envidia: Más mujeres, más ricas e inteligentes que el año anterior. Oh yeah. Ahora, el mechoneo… Sabrán más.

23 Responses to “Yo vengo del campo a vivir a la ciudad”

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  1. 23
    La Pagina® » La primera semana Says:

    [...] lunes no divisé a nadie conocido en la facultad. Estaba solo en un lugar que habí­a visto recién el viernes antes, en medio de un edificio gigantesco. Como para quedar mareado de una sóla [...]

  2. 22
    eat-desserts Says:

    Que buena mechon! Tambien es mi alma mater igual q la de Dr Blood y sí­…yo me arrancarí­a del pasillo subterraneo y cuando digan”mechon leiva” mejor ni te molestes en contestar.

    La obra “El quiebraspejos” hay que verla no solo en primer año sino cada vez que puedas…después entenderás, te reirás y la recomendarás al igual que nosotros.

    Aguante futuro colega!

    saludos

  3. 21
    Federico Samsa® Says:

    Si sobrevives esta semana al mechoneo o en lo que te queda de peatón al transantiago, te recuerdo que la especialidad a elegir es geriatrí­a.
    ¿Cómo sabes si alcanzas a atender a don Ricardo? La venganza es dulce.
    Aunque si yo fuera tu, no me harí­a caso, la ginecologí­a “la lleva”.

    Suerte y éxito

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